El padre Jesús Hernán Orjuela, conocido como el padre Chucho y el padre Alex viajaron a Medio Oriente con cerca de 92 peregrinos a Tierra Santa y se encontraron con la guerra. Su testimonio, ultimando su regreso, deja a Colombia mucho por pensar y resolver, luego de la experiencia de estar cerca de la muerte, en ese primer día cruel de las acciones terroristas de la organización Hamás a Israel y los siguientes días de la guerra.

Después de aterrizar en Colombia, los sacerdotes agradecidos cuentan en el santuario, que orientan en la localidad de Kennedy en Bogotá, el inimaginable tormento. No se imaginan cómo duele esta guerra tan absurda, dice el padre Chucho.

Continuamente se repetía, en pleno desierto del Néguev, el verso bíblico: “No tengas miedo, yo peleo por ti, (Deuteronomio). Ellos decidieron quedarse hasta que saliera el último colombiano o peregrino, quienes quedaron prácticamente en el embudo y sin residencia. El padre Alex viene primero con los de más edad, incluida la madre del padre Chucho, muchos de los cuales ya no contaban con sus requeridos medicamentos.

Ya en el segundo avión de regreso de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, FAC, organizados por la embajadora y la cónsul, bajo una insistencia fuerte del padre Chucho, por fin parte. Pero una hora después cuando estaban todos los protocolos listos para salir, después de cerrar puertas, les dicen que tienen problemas, que no pueden despegar y deben bajar del avión porque no se autoriza, por estricto control, el vuelo humanitario.

Cuando están bajando … las bombas y los misiles explotan al lado. El padre, en su angustia, le dice en reserva al capitán: esto hace sentir la muerte a nuestro lado. El capitán convence entonces a las autoridades y decide partir, de todas maneras, en sentido contrario a los misiles. Por diosidencia, el Padre Chucho llega a Colombia el 14 de octubre, el día que acostumbra a celebrar el día del Señor de los Milagros de Buga.

El padre Chucho se empecina en movilizar los medios de comunicación de distintos países del mundo para buscar la repatriación de los miembros de su peregrinación y de latinoamericanos y hasta canadienses, luego que las aerolíneas suspendieran totalmente los vuelos. El gobierno de Portugal le da una medalla en su reconocimiento, que quedará ahí en el altar como símbolo de agradecimiento.

El Padre Alex deja ver, en una fuerte emoción, la grandeza de estar con la familia y en el país, como era su pensamiento cuando pasaban las bombas, tanques, cañones y junto a las personas del ejército fuertemente armadas que los acompañaban.

La crónica de un imposible no es sólo que el mundo esté viviendo esta terrible época, sino notar cómo estos colombianos veían, por entonces, a nuestro país como el paraíso. Esa Colombia que se ha acostumbrado a tener esperanza, aunque la espera sea larga y en muchos momentos decepcionante. A darle color, humor, olvido, perdón a tantos períodos cruentos, también por la fuerza del sentido de familia y tal vez por su empeño y riqueza natural.

Así lo ha sido este año, por ejemplo, cuando se padece un lamentable recrudecimiento de la violencia, como secuestros, extorsiones, homicidios, masacres y conflictos armados, originados en acciones de distintas organizaciones al margen de la ley.

Del gobierno y de quienes escojamos en las próximas elecciones, también dependerá ese futuro que se merece Colombia, como un paraíso que se puede apreciar en medio del hueco de la guerra. Colombia e Israel son dos naciones muy sufridas, marcadas por acciones del terrorismo. Ambas, además, han buscado la paz. Eso las hace fuertes y las une.

*Presidente Corporación Pensamiento Siglo XXI

atisbosmariaelisa@gmail.com

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Israel y Colombia, crónica de un imposible

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22.10.2023

El padre Jesús Hernán Orjuela, conocido como el padre Chucho y el padre Alex viajaron a Medio Oriente con cerca de 92 peregrinos a Tierra Santa y se encontraron con la guerra. Su testimonio, ultimando su regreso, deja a Colombia mucho por pensar y resolver, luego de la experiencia de estar cerca de la muerte, en ese primer día cruel de las acciones terroristas de la organización Hamás a Israel y los siguientes días de la guerra.

Después de aterrizar en Colombia, los sacerdotes agradecidos cuentan en el santuario, que orientan en la localidad de Kennedy en Bogotá, el inimaginable tormento. No se imaginan cómo duele esta guerra tan absurda, dice el padre Chucho.

Continuamente se repetía, en pleno desierto del Néguev, el verso bíblico: “No tengas miedo, yo peleo por ti, (Deuteronomio). Ellos decidieron quedarse hasta que saliera el último colombiano o peregrino, quienes quedaron prácticamente en el embudo y sin........

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