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Reforma al sistema político: pensar el Chile del futuro sin añorar el pasado

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22.09.2026

El autor de esta columna sostiene que la discusión sobre la reforma al sistema político chileno no puede reducirse a bajar el número de partidos o elevar los quórums de reforma constitucional, ya que ninguna de esas medidas garantiza por sí sola una mayor gobernabilidad. Concluye que «tal vez sea necesario ampliar la discusión y mirar con mayor atención la experiencia comparada, no para importar modelos de manera mecánica, sino para evaluar alternativas que puedan ofrecernos algunas luces sobre la mejor forma de reconstruir nuestro sistema político y enfrentar los desafíos de gobernabilidad que tenemos por delante».

Imagen de portada: Pablo Ovalle / Agencia Uno

En los últimos días, la discusión sobre la reforma al sistema político ha vuelto a cobrar impulso tras el acuerdo alcanzado en comisión mixta. Si bien la iniciativa incorpora diversos elementos, existen dos puntos cruciales que constituyen el foco de este análisis. Por una parte, la tensión entre gobernabilidad y representatividad asociada al número de partidos y, por otra, la propuesta de volver a elevar los quórums de reforma constitucional como mecanismo de blindaje.

Uno de los grandes dilemas al pensar el diseño electoral consiste precisamente en determinar qué problema se busca resolver y cómo equilibrar gobernabilidad y representatividad. Desde el retorno a la democracia, nuestro sistema político se ha estructurado en torno a un régimen presidencial. Durante la década de los 90 y buena parte de lo transcurrido del siglo XXI, este presidencialismo convivió con un Congreso elegido mediante el sistema binominal heredado de la dictadura de Augusto Pinochet.

El binominal se caracterizó por su baja proporcionalidad. Esta fórmula generó importantes distorsiones en la representación, fundamentalmente porque favoreció durante décadas un equilibrio entre las fuerzas de izquierda y derecha. Para que una coalición obtuviera ambos escaños debía doblar en votación a la lista adversaria. De lo contrario, estos se distribuían entre las dos principales listas. Las razones que llevaron a adoptar este sistema han sido ampliamente documentadas por la literatura: el régimen saliente anticipaba una importante derrota electoral en el primer ciclo de elecciones legislativas y optó por una fórmula que limitara la capacidad de las futuras mayorías para introducir transformaciones profundas.

Este diseño electoral coincidió con un ciclo de estabilidad política denominado como la “democracia de los acuerdos”. Nuestro sistema presidencial convivió con un sistema multipartidista en el que las distintas colectividades se articularon en torno a dos grandes........

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