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De los “buenos” salvajes

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18.06.2020

Las manzanas, diría Proudhon, tienen su “lado bueno” y su “lado malo”. Este último ha traído a la humanidad no pocos inconvenientes. Adán y Eva iniciaron la era de sus dificultades y penurias después de morder una dulce y jugosa manzana. El desventurado Paris entregó a Venus, la más bella de las diosas del Olimpo, una manzana dorada. Los resultados fueron tremendamente catastróficos para el mundo heleno. Por una manzana el hijo de Guillermo Tell casi pierde la vida. Una manzana cayó sobre la cabeza de Newton y el accidente terminó transmutando al objeto en sujeto e invirtiendo la realidad en “ley universal”. La proclamación de la máxima libertad e independencia de los individuos fue proclamada por Jobs en nombre de una manzana. Al final, los individuos han quedado entrampados en la inmensa red digital, de la que difícilmente puedan librarse. Es de Rousseau la exhortación para que la humanidad recupere su estado natural, su manzana originaria, la primigenia y salvaje bondad que la sociedad le arrebatara. De modo que, más allá del conocido «one apple day keep doctor away», todo parece indicar que las manzanas pueden llegar a ser de cuidado. Como dice Hegel, para lo único que sirve la ficción del estado de naturaleza es para salir de ella.

Nada más acorde con la barbarie que padece el presente que las audacias de Giorgio Agamben, el filo-posmo del momento. Toda una revelación en los medios académicos. Según él, la humanidad consumada será teriomórfica. Esta es su profecía. Lo que sucederá, según él, cuando “las relaciones entre los animales y los hombres tengan una nueva forma y el hombre mismo se reconcilie con su naturaleza animal”. Entonces, será posible la liberación de la naturaleza más verdadera de los hombres: el más allá de los hombres. El........

© El Nacional


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