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Cuando la mejor tradición es el error, por Gustavo J. Villasmil-Prieto

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10.08.2019

@Gvillasmil99

“País mal hecho,

cuya mejor tradición son los errores”

Juan Gustavo Cobo-Borda

De que la venezolana ha sido desde siempre una sociedad equivocada poca duda me cabe. Baste con asomarnos a sus usos y costumbres de toda la vida – el marcado gusto por el escocés y las peregrinaciones a Miami o la debilidad por las megacamionetas 4×4, por citar tan solo algunos pocos ejemplos – para reconocer los rasgos característicos de un país que por muchos años vivió muy por encima de sus posibilidades materiales. Más que del petróleo, Venezuela ha vivido del crédito. Así nos lo demuestra demoledoramente Terry Lynn Karl en su notable ensayo de 1997, en el que la autora – números en mano- destaca como desde mediados de los 70 este país ha ingresado más dinero por la vía del crédito que por la venta de crudo.

Deuda adquirida para financiar, entre otras banalidades, eso que Elisa Lerner bien llamó “la lentejuela rentista”, la misma que en su día trajo a Caracas a los mejores chefs de París y al Concorde, que montó en las tarimas del Poliedro a Freddy Mercury, le metió candela al pebetero olímpico con los Panamericanos del 83 e hizo posible, entre otros milagros, que cualquier funcionario ministerial de tercera o empleado bancario de clase media pudiera ponerse en un apartamentico en Brickel que habría sido la envidia de sus pares norteamericanos.

Pero sucedió que, como ocurre tras toda “palazón”, surgió el mesonero de ceño fruncido blandiendo la cuenta. “Señores, ¿quién va a pagar esto?”. Saltaron entonces los “manito ´e caimán” de siempre, esos que tanto se ven en las barras de los bares venezolanos: “¡pana, es que yo no he cobra´o!”. Se le vino el mundo encima a la Venezuela de la ilusión de armonía. De repente, sus inmensos LTD se redujeron a carcachas rodantes y aquellos fluxes de “solapa ancha y agresiva” que anunciaba Marco Antonio Lacavalerie se convirtieron en andrajos.

Y justo cuando el exasperado........

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