Ciudades escritas
Archivo - Torre Eiffel de París (Francia). / Miguel Medina/Afp/Dpa - Archivo
En un texto titulado “Ermitaño en París” (1974), Italo Calvino hace una reflexión acertada y algo poética sobre la capital francesa. Viene a decir que a París vamos a confirmar aquello que leímos sobre París. Quizá esa idea es aplicable a todas las grandes ciudades del mundo. Es el alivio que supone para el visitante constatar que, en efecto, Nueva York es exactamente como la pintan en las películas. El turista confunde la ciudad con aquello que va a buscar en ella. Una vez lo ha encontrado, se va satisfecho con la misión cumplida. No así el viajero o el residente foráneo, más abierto a una cierta arqueología social y a preguntas sin respuesta inmediata. A Calvino, como a mí, le gustaba ser extranjero en París. Vivir allí te permite plantearte si eres parisino o simplemente un observador de París. Es mejor lo segundo, pues ese alejamiento prudente nos sustrae de los códigos y obligaciones que cada ciudad impone y nos permite escapar de sus fauces cuando queramos. Nos permite ser libres. Es como tener una relación de amantes con el lugar en el que vives, mucho más ligera y cargada........
