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Margarita García Robayo: “El mayor defecto contemporáneo es la autocomplacencia”

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26.07.2019

“Mis primeras lecturas fueron muy azarosas y en la biblioteca de mi casa yo agarraba los libros que podía. No tuve nunca a nadie que me dijera lee esto o aquello. Más adelante sí descubrí a un autor fundamental y en mi deseo de convertirme en escritora. Fue José Emilio Pacheco. No solo por su poesía sino también por sus novelas cortas. Cuando leí ‘Las batallas en el desierto’ dije: ‘¡ahhh! ¿Esto es la literatura? Y dije: eso es lo que yo quiero hacer’. Pacheco me enseñó que todo es novelable sin ser grandilocuente. Que una novela podía ser el enamoramiento de un niño de primaria de la mamá de su mejor amigo y con esa línea argumental, chiquita, ínfima, explicar la transformación de México”.

Y aunque Margarita García Robayo (Cartagena de Indias, Colombia, 1980) escribió algo de ensayo en la universidad, no fue hasta su llegada a Buenos Aires a finales de 2004 cuando empezó en serio a escribir ficción. Desde entonces ha escrito las novelas Hasta que pase un huracán, Lo que no aprendí y Tiempo muerto (Alfaguara), varios cuentos, algunos incluidos en el volumen Cosas peores, y el híbrido Primera persona (Tránsito) compuesto de relatos-reflexiones que parten de su autobiografía.

En su obra hay un tema común: la construcción de la identidad. Ese es el gran tronco de su árbol literario del cual surgen ramas y de estas otras ramas. De esa frondosidad habla Margarita García Robayo en una mezcla de acento colombo-argentino salpicado de risas animadas. Lo hace en la librería Tipos infames, de Madrid, una tarde de la pasada primavera, sentada en un sofá detrás de una pared resguardada de los clientes de la librería. Allí habla de su mirada detallada sobre las cosas, sobre las relaciones, sobre el deseo de tratar de saber de qué hilo están tejidos algunos sentimientos e intereses. La vida vista por ella desde un microscopio.

Mi gran tema es la construcción de la identidad. La manera en que se construyen los vínculos entre personas cercanas en una sociedad de un mismo entramado social y familiar.Siempre me interesó mucho mirar, observar exhaustivamente los hechos con el fin de atribuirles sentido. En lo que más me detengo tiene que ver con conductas. Por ejemplo, mirar una escena en un bar y empezar a preguntarme por ciertas conductas como por qué cambiamos el comportamiento con uno u otro interlocutor, incluso cercano. Me gusta buscar el sentido estético de cómo narrar eso que no nos explicamos; en la crueldad del trato de una pareja donde se puede esconder el amor.

Si lo pudiera resumir en una sentencia diría: Mirar una situación para tratar de explicar de dónde viene, encontrar la médula de las cosas que normalmente son cero extraordinarias. El valor es indagar; respuestas no hay”.

La novela Tiempo muerto y los relatos de Primera persona,aunque los separan dos años en publicación y varios en la escritura (los relatos los escribió por encargo para revistas entre 2011 y 2018) pueden leerse como complementarios. Los temas de la novela contados en un hilo........

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