La invasión de los evangélicos
El lento y tenaz asentamiento del evangelismo en el Estado español me trae a la memoria una película que ha tenido varias versiones a lo largo de los años con más o menos fortuna. La invasión de los ladrones de cuerpos data de 1956, fue dirigida con maestría por Don Siegel y, como a menudo ocurre, la historia fue rescatada exitosamente en 1979 por Philip Kaufman con el título La invasión de los ultracuerpos y con un Donald Sutherland excepcional al frente de un plantel de actores en estado de gracia. De las otras versiones es mejor no hablar.
La historia es sencilla. Cuando el doctor Miles Bennell regresa a su pequeño pueblo de California, varios ciudadanos le aseguran que sus familiares han sido reemplazados por réplicas idénticas pero sin emociones. Al principio, Bennell es escéptico ante el problema, pero poco a poco entra en una espiral de locura, incapaz de controlar una invasión alienígena que utiliza grandes vainas vegetales de las que emergen réplicas humanas perfectas que suplantan a las personas reales mientras estas duermen. Parece una marcianada, pero debemos entender el contexto en que fue rodada la película, con una sociedad sometida a las leyes del macartismo y la fiebre anticomunista.
Bien mirado, los evangélicos son como esas esporas alienígenas de donde surgen las vainas uterinas. Y no han llegado del espacio sideral, sino de las Américas hispanohablantes. Un regalo envenenado provocado por una migración descontrolada que está........
