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El arte de envejecer

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20.03.2026

Creado: 20.03.2026 | 06:00

Actualizado: 20.03.2026 | 06:00

Se dice que una sociedad es joven cuando sus habitantes con menos de 15 años suman más del 25% de su población total, y se considera una sociedad envejecida cuando los mayores de 65 años son más del 10% de la población total. En España, a finales de 2025, la población joven (0-14) era del 13 al 14% y su población anciana (65 y +) sumó el 21% de su población total, lo que manifiesta que España es una sociedad muy envejecida. Por otra parte, la población joven de la provincia de León comprende alrededor del 10% y la población anciana llaga hasta 30% de su población total, lo que confirma a León como una de las zonas más envejecidas de España. La población con más de 65 años en España es de cerca de 10 millones de personas; de estas, 3 millones tienen más de 80 años y 16.000 superan los 100 años, haciendo de España una de las naciones más longevas del mundo. Por su parte, la provincia de León, en el año 2025, registró 129.725 personas con más de 65 años, y 46.000 con más de 80 años. Ante esta realidad demográfica, que nos habla de millones de personas ancianas, es interesante saber cómo enfrentarse a la vejez de forma positiva y cómo envejecer sin traumas.

Envejecer es una experiencia universal, pero también profundamente personal. Aunque nuestra sociedad suele asociar el paso del tiempo con pérdida de facultades, en muchas culturas la vejez se entiende como una etapa de plenitud, sabiduría y libertad. Desde la filosofía clásica, el tiempo ha sido comprendido no solo como una sucesión de instantes, sino como un maestro silencioso. Para los estoicos, como Séneca, envejecer bien significaba aprender a vivir conforme a la naturaleza, aceptando aquello que no depende de nosotros. Filósofos, como Heráclito, nos recuerdan que todo fluye, que la identidad no es una sustancia fija, sino un proceso. En lugar de aferrarnos a quien fuimos, podemos preguntarnos quién podemos ser ahora. Con los años, la conciencia de la muerte se vuelve más nítida. Esta conciencia, lejos de ser un pensamiento morboso, puede ser profundamente fecunda. Martin Heidegger señalaba que asumir nuestra finitud es lo que nos permite vivir de manera auténtica. En este sentido, envejecer puede intensificar el sentido de la vida. Las relaciones se vuelven más significativas, las palabras más cuidadosas, los silencios más elocuentes. La vejez ha estado asociada a la sabiduría como comprensión profunda de la condición humana. Esta sabiduría se manifiesta en la capacidad de escuchar, de relativizar los acontecimientos y de acompañar sin imponer. Desde una perspectiva sociológica, envejecer bien supone asumir un rol de transmisión: compartir la exper iencia sin dogmatismos, ofrecer memoria y valores permanentes en una cultura obsesionada con la novedad y el cambio. No se trata de enseñar desde la superioridad, sino desde la experiencia de quien ha vivido y ha aprendido de sus propios errores. El paso del tiempo, lejos de ser un enemigo, se convierte así en una oportunidad para ejercitar la sabiduría, distinguiendo lo esencial de lo accesorio. Desde esta perspectiva, la vejez no es una pérdida, sino una depuración. Concebir el envejecimiento como un arte implica reconocerlo como una obra siempre inacabada. No existe una forma única ni correcta de envejecer; cada persona tiene su propio estilo. La sociología no ofrece recetas, pero sí preguntas: ¿qué vale la pena cuidar en esta etapa?, ¿qué valores debo mantener o retomar para el tiempo que me queda? En última instancia, el arte de envejecer es el arte de reconciliarse consigo mismo, de hacer de la fragilidad una fuente de sentido para el resto de la vida. El arte de envejecer consiste precisamente en aprender a vivir esa última etapa de la vida, convirtiendo los años en un aliado, no en una amenaza. El envejecimiento es un proceso natural que trae consigo cambios físicos, emocionales y sociales. Aceptarlos no significa resignarse, sino comprender esta nueva realidad. En lugar de perseguir una eterna juventud, lo que es algo imposible, el arte de envejecer invita a aceptar la realidad que nos traen los años vividos. La salud es un pilar esencial para vivir la vejez con bienestar. Alimentarse adecuadamente y mantenerse activo permite disfrutar de la vida con energía. Pero también es vital nutrir el espíritu: encontrar momentos de silencio, practicar la gratitud y contribuir a la comunidad mediante el voluntariado. La conexión emocional con otros aporta sentido y compañía y la relación con Dios aporta serenidad y tranquilidad de espíritu. Envejecer no es un final, sino una oportunidad para preparar ese final. Muchas personas inician proyectos nuevos y retoman valores y creencias tal vez olvidadas. Con la edad llega la capacidad de ver el mundo desde una mirada más amplia y comprensiva. Esta sabiduría no solo beneficia al individuo, sino también a quienes lo rodean y a la misma sociedad. Compartir experiencias, enseñar a partir de los errores y transmitir valores se convierte en una forma de dejar huella en las generaciones futuras. Quizá una de las lecciones más profundas del envejecimiento es aprender a vivir el presente. Envejecer con arte es celebrar lo simple día a día y preparar el futuro.


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