Del ruido y el silencio
La muerte de Maricarmen Abascal ha encendido los altares de la indignación pública. No es para menos. Ver a una mujer de 87 años abandonar el que fue su hogar durante siete décadas en una camilla, para morir dos semanas después en una cama de hospital, fractura cualquier sensibilidad. La Puerta del Sol se llenó de un minuto de silencio, las redes sociales se poblaron de proclamas y la urgencia política no tardó en convertir su nombre en una bandera de resistencia.
Sin embargo, hay un riesgo latente cuando transformamos el dolor humano en mitología instantánea. Al convertir a Maricarmen en una mártir de........
