La fragmentación de las clases populares
Según una reciente encuesta, el 60 % de los españoles considera que el número de inmigrantes en el país es “demasiado elevado”. Este dato, procedente de una encuesta de 40dB para El País publicada el 4 de mayo de 2026, no tendría nada de excepcional en la Europa contemporánea si su distribución política no fuera tan llamativa. Entre los votantes del PSOE, cerca del 40 % comparte esta opinión. Entre los de Sumar y Podemos, en torno a un cuarto también.
La fractura ya no separa simplemente a una derecha hostil a la inmigración de una izquierda que todavía se muestra favorable a esta. Atraviesa ahora también, en España, a la propia izquierda.
El caso español resulta interesante precisamente porque ilustra una dinámica de fragmentación de las coaliciones populares que hoy es observable a escala europea. La interpretación más inmediata consistiría en ver en ello una derechización ideológica de los electorados populares, o incluso el inicio de una convergencia cultural con Vox. No es imposible. Pero esta lectura quizás deje escapar lo más importante: lo que una lectura estrictamente descriptiva de la encuesta no permite ver. Porque decir que hay “demasiados inmigrantes” no significa necesariamente adherirse a un discurso antiinmigración coherente y estructurado. Con frecuencia, se trata más bien de utilizar el vocabulario político disponible para expresar un malestar cuyas causas reales se encuentran en otro lugar.
Además, el caso español es bastante revelador porque la mayor parte de la inmigración reciente procede de América Latina o de otros países europeos. En un país donde una gran parte de los inmigrantes comparte la lengua o una relativa proximidad cultural –un 75 % al sumar latinos y europeos–, la creciente centralidad de la cuestión migratoria sugiere precisamente que las tensiones expresadas desbordan ampliamente la mera cuestión identitaria.
En numerosos barrios populares de Cataluña, Andalucía o las periferias madrileñas, las preocupaciones cotidianas no aparecen espontáneamente bajo la forma de un “problema migratorio”. Se trata ante todo de alquileres imposibles de pagar, de salarios bloqueados desde hace años, de hospitales saturados, de precariedad persistente –de la sensación difusa de perder progresivamente el control sobre sus propias condiciones de vida–. Pero en la medida en que el debate público encuadra principalmente estas tensiones en términos migratorios, la inmigración acaba absorbiendo frustraciones cuyo origen se sitúa con frecuencia en otro lugar.
Durante gran parte del siglo XX, los grandes partidos socialdemócratas y de izquierda........
