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Un largo aplauso

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10.04.2026

Con motivo de su doctorado honoris causa por Salamana, Mattarella trazó las sintonías políticas, sociológicas, temperamentales, sí, pero sobre todo culturales, entre España e Italia

Me refiero al aplauso que recibió, días pasados, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, el presidente de Italia, Sergio Mattarella, al que se acababa de reconocer con el doctorado honoris causa. Una amplia representación del claustro de doctores, autoridades nacionales e italianas, un fervoroso público, mantuvieron ese aplauso de una manera extraordinaria y que se hizo extensivo a la presencia y patrocinio en el acto del Rey de España. Estas dos presencias acrecentaron el sentido de una brillante jornada, muy popular además antes con presencia estudiantil en las calles y en la Plaza Mayor. Jornada que algunos consideraron como «histórica». ¿Por qué? Porque en dicho acto confluyeron muchas y muy significativas circunstancias. La primera, la política bien entendida, pero especialmente la de la cultura de España e Italia poniendo una vez más de relieve la profunda relación en el tiempo de ambos países.

A sintonizar con estos principios vinieron los tres discursos que se pronunciaron: el del profesor emérito y padrino del homenajeado Vicente González, con la puesta de relieve de los muchos méritos del nuevo doctor y los de Mattarella y el del profesor Juan Manuel Corchado, rector de la USAL Se pusieron pues de relieve la muy rica y profunda relación de circunstancias que confluían en dicho acto y sobre todo las muy remotas relaciones políticas y culturales entre dos países que se asoman a un mismo mar y a una misma Europa. Valioso por pormenorizado y profundo fue el discurso del presidente italiano, ya desde su recuerdo para la romanización, pero en ese y en otros momentos el ponente utilizó un sugestivo paralelismo de autores: Séneca («cordobés», precisó) y Virgilio, Maquiavelo y Cervantes, Beccaria y Jovellanos, Unamuno y Zambrano.

Pero el don se este discurso radicaba a su vez en una sucesión de ideas globales, que no solo aludían a los dos países sino también a Europa, e incluso a todos los habitantes de un planeta que pasa hoy por graves conflictos sociales y por guerras. Un tiempo este, afirmó el presidente, «en el que todas las cosas que antes nos parecían sólidas y sagradas han empezado a tambalearse: la verdad y la humanidad, la razón y el derecho».

Para estas ideas dio una especial respuesta el político y jurisconsulto de sumo prestigio. El político ha llegado a su madurez con una brillante trayectoria en varios ministerios, como diputado del Constitucional y presente en varios partidos –a veces en la creación de estos, como en la del Partido Popular Europeo– con afán centrado y concorde, fiel a la justicia, en cuyo sentido y fines se demoró. Estas señaladas tareas –política, justicia, humanismo– se fundieron en unos fines comunes en dos tempranas universidades, las de Salamanca y la de Nápoles. Precisamente, tiempo atrás había dicho nuestro Rey en esta última ciudad: «Nápoles no se puede entender sin España y España no se puede entender sin Italia, y más concretamente sin Nápoles».

Es el concepto de humanismo el que de manera especial remite a la cultura en nuestras dos naciones, como no podía ser menos, y en las que tanto el discurso del presidente como el del rector se centraron. También Salamanca y su universidad han sido sinónimos de humanismo. Por ello, Mattarella recordó al poeta Fray Luis de León y a la especialísima celebración que llega en este año: el quinto centenario de la fundación de la Escuela de Salamanca, con el recuerdo especial para su maestro Francisco de Vitoria, quien dio «el paso de la concepción de la comunidad vinculada a la cristiandad medieval a la comunidad internacional del género humano».

Emotivo fue el recuerdo para Cervantes. Aunque no dispongamos de prueba documental sobre su posible estancia, nuestro escritor recordó muy elogiosamente a Salamanca y a su universidad. ¿Cómo se explica esta presencia tan sugestiva y constante en sus libros? En verdad, sus recuerdos más se asemejan a vivencias que a meras ensoñaciones. Así sucede en el arranque salmantino de 'El licenciado Vidriera' en donde todavía hoy, a orillas del Tormes, recreamos las mismas sensaciones que tuvo el protagonista de la novela. Pero a la vez cómo no valorar la presencia de Italia en el tono de exaltación y entusiasmo que nos recuerda al llegar los peregrinos a Roma en la segunda parte del 'Persiles', en la que nos regaló incluso un espléndido soneto («Oh grande, oh poderosa, oh sacrosanta/ alma ciudad de Roma…»).

Sintonías pues políticas, sociológicas, temperamentales, sí, pero sobre todo culturales, literarias, a la luz del sentido de justicia y libertad, de una hermandad profunda que debe seguir dándose entre nosotros y que, citando a Zambrano, Mattarella recordó así: «nuestra alma está cruzada por sedimentos de siglos, pues son más grandes las raíces que las ramas que ven la luz». Venimos de las mismas fuentes, incluso de la griega, que los italianos recrearon de manera ideal en ese sur profundo que es el de la muy siciliana Magna Grecia. Y es que además Mattarella es un italiano natural de Sicilia y de allí proviene esa luz humanista del conocimiento mediterráneo, de ese territorio al que viajó el mismo Platón. Tierra también de dolor tras el asesinato en 1980 de Piersanti Mattarella, el hermano del presidente, que representaba al Gobierno reformista de la región con su propia luz política. Sicilia también con sus escritores y el sentir de sus poetas, como luce en la obra del Nobel (1959) Salvatore Quasimodo, siciliano del sur profundo que viviendo en Milán supo deshacer la a veces tópica dualidad italiana. De él tenemos en español la primera edición completa de toda su poesía.

Justicia, verdad, convivencia, cultura pero «no solo acumulación de saberes sino servicio al bien común, igualdad moral de todos los seres humanos», como subrayó el rector. Tanto en el discurso de este como en el del presidente, se fueron ensamblando conceptos que unen a dos países y a su vez a Salamanca con su universidad. «En este paraninfo la palabra siempre ha servido a la verdad y a la continuidad histórica entre la Corona y la universidad», añadió el rector, y que junto a la de Bolonia fueron avanzadas en Europa bajo el mismo espíritu del Derecho. Bolonia, pensamos nosotros, en la que también vivieron españoles como el Padre Isla y Moratín. Isla nos lleva a recordar a los «expulsos» españoles, que en varias regiones de Italia fueron acogidos y que en ella aprendieron y enseñaron.

Dentro de estos territorios tan nuestros siempre se dio un mismo afán hispanoitaliano de trascendencia y de vivir y pensar con sentido de igualdad y libertad. Cervantes y Dante, que también fue recordado por el presidente Mattarella, fueron las cimas de ese común humanismo que este año de 2026 va a revivir, con sus muchas y variadas lecciones, durante el quinto centenario de la Escuela de Salamanca.


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