La Europa de la excepción
El discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado por Ursula von der Leyen deja una sensación difícil de ignorar. Europa parece haber encontrado finalmente una respuesta para casi todos sus problemas: la seguridad. Seguridad económica, seguridad energética, seguridad tecnológica, seguridad de las fronteras, seguridad de las cadenas de suministro, seguridad frente a China, frente a Rusia, frente a la inteligencia artificial, frente a la migración. Incluso competitividad, industria o materias primas aparecen crecientemente subordinadas a una misma lógica orientada a reducir vulnerabilidades, controlar dependencias y aumentar capacidades.
No es completamente nuevo. La invasión rusa de Ucrania, la pandemia, la competición entre Estados Unidos y China y la progresiva instrumentalización de las interdependencias llevan años empujando a la Unión en esa dirección. Lo novedoso del SOTEU de 2026 es la consolidación de la seguridad como principio ordenador del proyecto europeo. Von der Leyen lo resume bajo una nueva palabra: independencia. Europa debe ser capaz de defender sus intereses porque, reconoce la presidenta, ya no puede confiar únicamente en que un orden basado en reglas vaya a protegerlos.
El diagnóstico merece ser tomado en serio. Más discutible es que la respuesta consista en securitizar prácticamente todas las políticas y presentar como innovaciones institucionales iniciativas que, en algunos casos, ya existen de manera fragmentaria.
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