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BoA y la aviación boliviana

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La situación actual de Boliviana de Aviación (BoA) no puede analizarse sin revisar con honestidad las decisiones que, a lo largo de los años, han marcado el rumbo de la aeronáutica nacional. Más allá de discursos optimistas o proyectos ambiciosos, la realidad del sector exige un diagnóstico técnico, independiente y libre de intereses políticos.

Habiendo sido testigo directo del funcionamiento del sistema aeronáutico boliviano durante décadas —incluyendo una colaboración de nueve meses sin remuneración a solicitud de autoridades del sector— es posible afirmar que muchos de los problemas actuales no son nuevos. Por el contrario, responden a una acumulación de errores administrativos, decisiones estratégicas cuestionables y una falta persistente de planificación a largo plazo.

En su momento, la gestión de la empresa estatal evidenció falencias que fueron advertidas oportunamente. La reducción de flota, la pérdida de competitividad frente a aerolíneas extranjeras y la limitada expansión de rutas reflejan una conducción que no logró consolidar a BoA como una empresa sólida. Resulta preocupante que, contando con una flota considerable, la cobertura de destinos haya sido inferior incluso a la que en su momento alcanzó Lloyd Aéreo Boliviano (LAB).

Uno de los ejemplos más evidentes de oportunidades desaprovechadas es la ruta a Panamá, que terminó siendo explotada por una aerolínea extranjera durante más de una década, generando ingresos millonarios fuera del país. Este tipo de decisiones no solo afectan la rentabilidad de la empresa estatal, sino que también impactan directamente en la economía nacional, al limitar el ingreso de divisas.

A esto se suma el uso inadecuado de aeronaves. La operación de aviones diseñados para rutas largas en trayectos cortos incrementa los costos de mantenimiento debido al exceso de ciclos de despegue y aterrizaje, deteriorando prematuramente los equipos. Una planificación técnica adecuada permitiría optimizar recursos, asignando correctamente las aeronaves según el tipo de ruta.

En el ámbito institucional, es imprescindible una reestructuración profunda. La permanencia de personal designado por afinidad política, la falta de evaluación de desempeño y la contratación de representantes en el exterior sin resultados verificables son factores que debilitan la gestión empresarial. En este punto, resulta urgente revisar los nombramientos de agentes en el exterior que han sido designados bajo criterios políticos, que carecen de conocimiento básico sobre las autoridades aeronáuticas de los países en los que operan, lo que limita la capacidad de gestión, negociación y representación efectiva de la aerolínea.

BoA debe recuperar autonomía técnica, profesionalizar su administración y establecer mecanismos claros de rendición de cuentas, donde la meritocracia y la experiencia sean los principales criterios de selección.

Asimismo, el Estado tiene un rol clave en la reactivación del sector. Es necesario diseñar una política aeronáutica integral que fomente la participación privada, establezca condiciones competitivas —como acceso a combustible a precios razonables e impuestos equilibrados— y promueva el desarrollo sostenible de la aviación en Bolivia.

Proyectos como convertir a Viru Viru en un hub regional no pueden sostenerse únicamente en aspiraciones. Requieren una base operativa sólida, una aerolínea nacional eficiente y una estrategia coherente con la realidad del mercado.

Después de más de cinco décadas de experiencia en la industria aeronáutica, incluyendo funciones directivas en diversas aerolíneas y organismos internacionales, queda claro que el camino hacia una BoA fuerte pasa por la transparencia, la profesionalización y una visión realista del mercado.

Es momento de dejar de lado las improvisaciones y construir, con responsabilidad, el futuro de la aviación en Bolivia.


© Los Tiempos