Pruebas de injerencia extranjera
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Hace unas semanas publiqué en este mismo espacio un artículo sobre los riesgos de incorporar la injerencia extranjera como causal para anular una elección. La realidad latinoamericana me obliga a volver al tema, pero desde una pregunta más exigente: ¿qué tendría que demostrarse para afirmar que una intervención extranjera cambió realmente el resultado de una elección?
La pregunta ha cobrado una urgencia inesperada. En Colombia, Donald Trump expresó públicamente su respaldo a Abelardo de la Espriella antes de la segunda vuelta presidencial. De la Espriella terminó imponiéndose a Iván Cepeda por aproximadamente 250 mil votos: obtuvo 49.66% frente a 48.70% de su adversario. La estrechez del margen convirtió el pronunciamiento estadounidense en una explicación inmediata: Trump había intervenido, había inclinado la balanza, había decidido la elección.
Pero los datos disponibles no permiten concluir tan rápidamente. Antes del respaldo de Trump, De la Espriella ya era un candidato competitivo y algunas encuestas incluso lo colocaban por encima de Cepeda. Su campaña había construido una operación digital intensa, basada en inteligencia artificial, WhatsApp y contenidos dirigidos a explotar el miedo, la inseguridad y el rechazo al gobierno de Gustavo Petro. También concurrían otros factores internos: el deterioro del sistema de salud, el malestar económico, la inseguridad y el desgaste del oficialismo. Después de la elección, esos elementos aparecieron con mayor fuerza que el apoyo de Trump en las explicaciones sobre el resultado.
Esto no significa que el respaldo estadounidense haya sido irrelevante. Significa algo más limitado: no sabemos cuál........
