Progresía institucional
España tiene una peculiar habilidad para convertir las instituciones más serias en escenarios de teatro político. La justicia, que debería ser el último refugio de la imparcialidad, parece haberse transformado en un laboratorio experimental donde ciertos sectores de la progresía ensayan su idea de cómo debe funcionar el Estado… siempre que el Estado funcione a su favor, claro.
Dolores Delgado fue uno de los ejemplos más pedagógicos de este fenómeno. Pasar del Consejo de Ministros a la Fiscalía General del Estado fue un movimiento tan elegante como un elefante entrando en una cristalería institucional. Legal, sí. Estético, discutible. Prudente, desde luego que no. Aquella operación dejó a muchos ciudadanos con la sensación de que la independencia de la Fiscalía era algo parecido a los Reyes Magos: una tradición bonita que conviene no analizar demasiado para no romper la ilusión.
Pero si hay un nombre que resume el concepto de “juez estrella” convertido en fenómeno mediático es Baltasar Garzón. Durante años fue presentado como una especie de superhéroe judicial, capaz de enfrentarse a cualquier causa que le otorgara titulares internacionales. El problema llegó cuando el Tribunal........
