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El placer de hacer poco, y despacio

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16.07.2026

Hay quien sueña con playas paradisíacas, hoteles de lujo o destinos exóticos. Yo no. Con el paso de los años he descubierto que el verdadero lujo no está en viajar más lejos, sino en vivir más despacio. Mi día de verano ideal no necesita grandes escenarios. Solo precisa tiempo, tranquilidad, y la capacidad de disfrutar de lo que tantas veces pasa inadvertido.

Hay otra costumbre que el verano devuelve a nuestras vidas y que deberíamos conservar durante todo el año: el placer de no hacer nada, aunque suene un poco de esa manera... Durante demasiado tiempo hemos confundido estar ocupados con ser útiles"

Empieza temprano. El verano tiene una luz especial cuando amanece y el calor aún no aprieta. Es el momento de abrir la ventana, respirar hondo y comprobar que, por unas horas, el reloj deja de mandar. Un café tranquilo, La Región entre las manos y esa tranquilidad en la lectura como mejor compañía. Parece poca cosa, pero no lo es, por lo menos para mí. Después llega el paseo con mis dos buenos y leales amigos, Tarzán y Sam, dos preciosos y súper dóciles mastines. No importa demasiado el camino a andar. Lo importante es caminar sin prisa,........

© La Región