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Vivencias. Pasado y presente

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02.03.2026

"Quien cultura quiera, al pupitre nunca falte". Frase popular.

He recibido dos WhatsApps, de dos amigos, de los años del internado en el Cora y en los Escolapios, Pedro y Manolo, que, pese al tiempo pasado, seguimos manteniendo viva la amistad.

Me enviaban mensajes sobre cómo ha pasado la vida para los que ya peinamos canas y superamos una determinada edad y, hemos vivido situaciones que necesariamente nos han exigido una adaptación tanto social y cultural, como profesional, a las nuevas tecnologías que no nos ha resultado fácil, pero hemos sabido ir adaptándonos.

El otro mensaje, versaba sobre una exposición, esencialmente de la Escuela, con mayúscula, de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo y de los utensilios empleados en la vida diaria.

He visto detenidamente los mensajes y me han aflorado los recuerdos de la infancia en la escuela de Valdescorriel, con mis amigos, pupitres, tinteros de plomo, la estufa de carbón y su humo hasta que se ponía en marcha…, los mapas y el puntero, los palilleros y plumines, las pizarras y los pizarrines, la borla de lana para borrar lo escrito en ella.

La llegada del bolígrafo bic, fue una gran novedad, porque hasta ese momento lo normal y único era utilizar el lapicero y la goma de borrar milán 430.

Allí, con esos medios elementales y maestros esforzados y con dedicación ejemplar, aprendimos las primeras letras, utilizando como libros El Parvulito y la Enciclopedia, del zamorano Maestro Álvarez, y los cuadernos Rubio para la caligrafía. Las tablas de sumar, restar, multiplicar y dividir las aprendimos "cantando". Creo que el método no ha cambiado y lo siguen empleando actualmente.

La escuela, la iglesia y los juegos en la plaza, en los pueblos, eran lugares especiales, pues, allí se desarrollaba la vida en nuestra infancia.

No olvidemos que la asistencia a la escuela era de mañana y tarde, sábados inclusive, con la sola excepción de los jueves por la tarde que no había escuela. El domingo, no lo olvidemos, misa a las 11.00 horas y a continuación catequesis y, por la tarde, rosario.

Así transcurrió nuestra infancia.

Les recomiendo, si pueden, vean los WhatsApps, les resultarán enriquecedores y, para muchos lectores les traerán vivencias de su infancia.

En varios de mis artículos he reiterado el merecido homenaje que debemos rendir a nuestros maestros de las primeras letras, como formadores iniciales de nuestro futuro.

Hemos de admirar su paciencia, constancia y dedicación. Ellos han dejado una huella imborrable en nuestra vida.

Me llamó especialmente la atención una frase, que leí en su momento, y que dice así: "Un buen maestro es como una vela: se consume para iluminar el camino de los demás".

Como españolitos de a pie da miedo ver hacía donde se está moviendo el mundo.

Para concluir estas breves líneas, diré: "La educación cambia el mundo, y los maestros son quienes enseñan a lograrlo".

Mi respeto y gratitud a mis maestros, de escuela, bachillerato, carrera y ejercicio profesional a quienes recuerdo, cada día, con cariño.

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