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El café de los gatos

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06.06.2026

La bolsa rodaba por una calle de Barranquilla. No era que volara arrastrada por el viento, sino que tenía peso. Se arrastraba dando tumbos. Mayra Pájaro salió de la veterinaria y la agarró. Con cuidado le quitó el nudo. Vio primero unas orejas negras, un hocico blanco, unas patas diminutas.

Alguien había introducido a la gata recién nacida en la bolsa, la amarró y la dejó junto a un poste donde dejaban basura. ¿Alguien? ¿Se le podría llamar “humano” a quien hace algo así?

Mayra corrió a la veterinaria con la bolsa abrazada a su pecho. Allí bañaron a la gata, la desparasitaron, le tomaron exámenes. Mayra la llamó Galleta.

Seis meses después le hizo la operación para esterilizarla y se le bajaron las defensas. Entonces apareció el virus: leucemia. Mayra y Galleta lucharon. A veces se ponía tan mal que en la veterinaria decían: “De hoy no pasa”. Pero Galleta se recuperaba. Así durante tres años.

Cuando falleció, Mayra se prometió crear un lugar con el que pudiera ayudar a los gatos abandonados. Se llama........

© El País