Pasmados
Una y otra vez nos hemos asustado con el cuento de que ahí viene el lobo. Como en la historia, de tanto oírlo dejamos de creerlo y, ahora, cuando al fin llegó como que no nos gustó darnos cuenta y menos aceptarlo. Aquí está el lobo feroz en vivo y en directo frente a nosotros. ¿Y ahora quién podrá defendernos? La situación es complicada porque aceptar que de nuevo estamos en riesgo de perder las libertades y la democracia no es un asunto fácil de procesar.
Es tan vertiginosa la sucesión de eventos desafortunados que apenas alcanzamos a asombrarnos con uno cuando ya llega el otro. En esta cascada de sucesos sobrecogedores comenzamos a parecer un atajo de pasmados, incapaces de una velocidad de respuesta acorde con la inmediatez de la llegada del mal. Que Rusia invadió a Ucrania; que se quiere quedar Putin con ella; que Hezbolá ataca a Israel; que Israel borrará del mapa a Gaza; que Trump se apodera de Venezuela; que convierte a ese país en su protectorado; que USA se quiere hacer de Groenlandia; que el Golfo de México dejó de serlo y ahora es de América; ora que Trump va a la guerra contra Irán; que Israel se quiere anexar el sur del Líbano; que el emperador estadounidense va a borrar en un solo día a los persas de la faz de la tierra; o, para rematar (y por si faltara alguna barbaridad), que el esposo de Melania le dice al Papa León XIV que es “débil en materia de seguridad y terrible para la política exterior”; que forma parte de la izquierda radical y que el Pontífice le debe a él (o sea a Trump) haber llegado al papado.
En resumen, el neoyorkino se proclama abiertamente como “no fan del Papa León” y retador lo proclama a los cuatro vientos.
Ahí no topa la imprudencia y falta de sensibilidad política del habitante de la Casa Blanca. Esa misma noche aparece una imagen en sus redes en la que se ve al Donald ataviado con una túnica bíblica y su anaranjada cabellera, sanando a un enfermo mientras una luz celestial emana de su santa figura y ángeles y arcángeles lo adoran. Esto es algo nunca visto, sin duda, pero Trump se supera a sí mismo y al otro día publica un nuevo afiche en donde se ve a Jesucristo abrazando y confortando al actual presidente de la primera potencia mundial. Si, definitivamente, después de todo esto muchos estamos absolutamente pasmados.
Robert Francis Prevost, León XIV para todos, no se quedó callado y valientemente contestó que no temía a la administración Trump y defendió su derecho a hacer llamados a la paz como parte de su trabajo evangélico, así como a alejarse de lo bélico y de los ataques políticos que tanto emocionan al fallido constructor republicano.
Dijo Marx que la historia siempre se repite dos veces, una como tragedia y la otra como farsa. Lo que a lo mejor no imaginó el autor del Capital es que la historia puede repetirse simultáneamente como tragedia y como farsa y me temo que en esa situación estamos. Una era de farsantes ambiciosos, bufones delirantes y autoritarios grotescos que han dejado al mundo pasmado. Ojalá sobrevivamos.
