Careya, la tortuga en riesgo
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En la Boca, el paisa[1] Luciano era muy apreciado. Cada viernes, la gente esperaba oír el motor de su canoa a medida que surcaba las aguas del río Pepé hacia la desembocadura en el Baudó, y aquel seis de septiembre sí que todo el mundo estaba expectante. El ocho sería la fiesta de la virgen de la Pobreza y no había quien no hubiera encargado telas, hilos, tenis, e interiores para estrenar y salir a la procesión bien elegante. Niñas y niños corrían hacia el embarcadero a ver con qué sorpresas se aparecería el vendedor.
Yeni quedó paralizada al ver que en el plan de la canoa había una enorme tortuga de mar, volteada sobre su caparazón. No dejaba de mover sus aletas y la niña pensó que tan solo ansiaría regresar a su mar. Alcanzó a ver que su coraza tenía bellísimas placas rojas oscuras, amarillas, doradas, marrones y negras y que su boca era como el pico como de un halcón, de modo que no le cupo duda de que se trataba de una carey en peligro de extinción. Como es lógico, se apresuró a poner a Caché al tanto del infortunio. Corría el rumor de que la señora Encarnación se la había encargado a Luciano para que Rudecindo, afamado médico........
