Los profesores de latín y griego
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Siento una especie de veneración compasiva por los profesores de latín y griego o, más en general, por todos los especialistas en lenguas muertas, digamos el arameo, el sánscrito o el chibcha. Los idiomas desaparecen por el cansancio o la usura de los siglos, por el exterminio de sus hablantes o por decisión de los tiranos. La Real Cédula que terminó con los últimos vestigios de la lengua muisca fue expedida en Aranjuez en 1770, ya en los estertores de la Colonia, por el rey Carlos III, y en su encabezamiento decía así: “Para que en los reinos de las Indias se destierren los diferentes idiomas de que se usa, y solo se hable el castellano”. Lo mismo quiso hacer Franco con el catalán o Stalin y Putin con el ucraniano. La historia y las historias se repiten.
Pero no es de las lenguas muertas de lo que quiero hablar, sino de los oficios que, como las lenguas, se van desaprendiendo y quedan sepultados por una avalancha de olvido. ¿Habrá hoy en día........
