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Dejar de creer puede ser nuestro mayor fracaso

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Nuestro país está normalizando la frustración. El cansancio acumulado, la decepción repetida y la desazón constante nos han llevado al extremo de dudar de la propia viabilidad de Bolivia como sociedad, como Estado y como nación. El nuevo ciclo de bloqueos irracionales que se sostiene por casi 50 días, no solo deja una economía devastada, sino que produce una sensación de agotamiento colectivo que hace cuestionar cualquier esperanza.

Pese a que es cada vez más profundo, este sentimiento no es nuevo. Desde hace más de un siglo nuestra historia parece una sucesión de fracasos: las guerras perdidas, los gobiernos corruptos, los recursos dilapidados, los últimos lugares en todo. Aprendimos a vernos como víctimas del saqueo colonial, la geografía agreste, la diversidad cultural, la mediterraneidad, la perversidad de nuestros líderes o de las potencias extranjeras. Nuestros historiadores, analistas, políticos y educadores repitieron tanto ese discurso que terminó marcando nuestro destino.

Lo peor es que en ese proceso dejamos de ver la otra parte de lo que somos: una de las naciones más ricas, con más oportunidades y con más potencial del mundo. Poseemos recursos en minería, energía, agua, agropecuaria, territorio y cultura más allá de lo que muchas naciones soñarían. Esos recursos --que la humanidad necesita hoy-- además de una vasta geografía........

© El Deber