La chinchamenta
Pico y Placa Medellín
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Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com
En la jerga de los años cincuenta nos decían chinches, chingas, masas. “Anticristos de la calle”, les dicen en Brasil. Dios era un señor “infinitamente bueno, sabio, justo , poderoso, principio y fin de todas las cosas”. Le temíamos. El cuadro del Corazón de Jesús nos monitoreaba desde la pared. Le confesábamos los mismos pecadillos al padre Hernando Barrientos párroco de san Cayetano. O a los agustinos de san Nicolás.
Por esa época, mi contemporáneo y yo descubrimos el cine en los teatros de Berlín y Aranjuez. Formábamos parte de la aristocracia de gallinero. En esos cinemas paradiso veíamos películas sin besos porque los tapaban las manos de don Pedro el sacristán y pianista que despedía la misa dominical con guarachas........
