Los inmunes y los comunes
Aunque nos cueste asociarlas, inmunidad y comunidad comparten origen etimológico. Ambas proceden del latín munus: deber, obligación, vínculo con los demás. La diferencia está en el prefijo. La (com)munitas nace de asumir ese compromiso con lo colectivo. La (im)munitas, por el contrario, designa el privilegio de quien queda liberado de las cargas comunes. Durante siglos, la inmunidad, fue una excepción jurídica –todavía sobreviven la inmunidad diplomática y la parlamentaria– después pasó a la medicina para nombrar la capacidad del cuerpo de protegerse frente a la enfermedad.
Hoy inmunidad ha adquirido un nuevo significado político. Se trata de una inmunidad que permite eludir responsabilidades sin dejar de reclamar derechos, como si las normas solo fueran aplicables a los demás. Confundida con la impunidad, se ha convertido en síntoma de la quiebra del principio de corresponsabilidad social que sostiene nuestras democracias.
El filósofo italiano Roberto Esposito hizo de esta oposición el eje de su pensamiento. Para él, communitas e immunitas son palabras hermanas, pero políticamente enemigas. Comunidad implica aceptar que dependemos unos de otros. Inmunidad consiste en vivir al margen del acuerdo común y de las obligaciones que compartimos. Los pensadores del contrato social, de Hobbes a Rousseau, partieron de la idea de que la Sociedad nace de nuestra vulnerabilidad, no de nuestra fuerza. Nos organizamos para protegernos mutuamente. Por eso, una democracia empieza a enfermar cuando admiramos a quienes viven al margen del respeto al colectivo. El aspiracionismo de hoy consiste en querer ser inmune,........
