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Maniobras políticas, cogitaciones bancarias

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16.06.2019

Se reunieron muy en secreto antes del 28 de abril. Fue un primer tanteo. Goirigolzarri y Oliu, con un tercero de testigo. En Madrid. Sobre la mesa, la idea de fusionar Bankia con Sabadell en un momento plagado de incertidumbres, tanto desde el punto de vista político como económico financiero, y en un negocio tan maduro como el bancario, lastrado, además, por la política de tipos de interés del BCE. Sabadell o un banco en la encrucijada, “un buen banco” al decir de cualquier profesional del sector, incluso un gran banco, exigido de siempre por un doble déficit: capital y gestión. De alguna manera en el sector se ha instalado la especie, el convencimiento según algunos, de que, tras la crisis del Popular, el Sabadell es the next in line, el nuevo talón de Aquiles de nuestra banca, el problema en el horizonte o la incógnita por despejar, porque nadie considera al grupo de Cajas (Liberbank, Unicaja, etc.) supervivientes de la inundación que anegó el sector durante la crisis, elementos con entidad bastante para volver a desestabilizar el sistema financiero español.

Curiosas similitudes las existentes entre Sabadell y Popular, una entidad durante lustros con vitola de ser la más próspera del sector (“El banco más rentable de Europa”), que, a última hora, cuando el tañido de las campanas de la cercana crisis sonaba cerca, cedió a la tentación de entrar en tromba en un ladrillo a punto de estallar, como cedió también a la tentación del tamaño zampándose a puro pulmón, sin ayudas, el Banco Pastor. Dos realidades que pondrían al banco al borde del abismo, incapaz de hacer frente a las consecuencias de ambas decisiones. En marzo de 2015, el Sabadell anunció la compra del británico TSB por 2.350 millones. "Esta adquisición es clave para nuestro crecimiento y nuestra expansión internacional”, dijo Oliu. Filial del Grupo Llyod's desde 1995, la gran banca española, desde luego Santander y BBVA, le habían mirado los bajos y habían renunciado a comprar. Apostó el Sabadell. Arriesgó el Sabadell, y esa parece haberse convertido en una carga muy pesada, difícil de digerir por la estructura de un banco que ya había superado, con muchos sudores y ayudas oficiales, la compra y digestión de la CAM, una de las cajas valencianas arruinadas por el estallido de la burbuja.

El impacto de la morosidad, ¡maldita crisis!, ha tenido su reflejo directo en la cuenta de resultados y en la cotización de la acción. En un escenario de mayores necesidades de capital (Basilea II y Basilea III), el estrechamiento de los márgenes y la reducción de la cartera de activos crediticios (por no hablar de nuevos competidores parabancarios), ha convertido este antaño negocio de bobos en algo muy problemático. Retribuir adecuadamente al accionista ha pasado a ser el diario quebradero de cabeza de los gestores. Si el coste del capital oscila entre el 10% y el 11%, y el retorno esperado sobre ese capital se queda entre........

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