La foto primero y el pueblo después
Hay una enfermedad silenciosa que está creciendo en la política colombiana: la obsesión por parecer que se gobierna, incluso cuando no necesariamente se está gobernando.
Vivimos en la época del video corto, la transmisión en vivo, la fotografía cuidadosamente preparada y el titular diseñado para las redes sociales. Para algunos dirigentes parece más importante aparecer que transformar; publicar que ejecutar; conseguir aplausos que resolver problemas. Y entonces aparece una peligrosa confusión: se empieza a creer que comunicar es lo mismo que gobernar. No lo es.
Una administración puede tener excelentes redes sociales y, al mismo tiempo, una comunidad con graves problemas. Puede publicar diariamente reuniones, recorridos e inauguraciones y, aun así, no lograr mejorar la vida de sus ciudadanos.
Porque gobernar no es posar frente a una obra. Gobernar es lograr que la obra funcione. No es visitar un barrio acompañado de cámaras, sino regresar después, sin cámaras, para comprobar si el problema realmente fue solucionado. No es anunciar una estrategia de seguridad, sino conseguir que la gente vuelva a sentirse segura. No es decir que se apoya al campesino, sino ayudar a que pueda........
