Alergia al teléfono
Estamos todo el día con el teléfono móvil en la mano y, sin embargo, lo que menos usamos del terminal es la función de llamar, aquello para lo que fue diseñado en su origen. Los smarthphones son verdaderas navajas suizas tecnológicas, sirven para casi todo, como una extensión más de nuestro cuerpo que nos conecta al mundo al tiempo que nos aísla de quien tenemos al lado en demasiadas ocasiones. Si hay un grupo de usuarios especialmente reacio a usarlo para llamar a alguien es el de los más jóvenes. Prefieren comunicarse con mensajes de wasap u otras aplicaciones de mensajería o mediante el envío de audios, algunos tan largos que parecen podcast. Sólo como último recurso optan por la llamada clásica. Conectados desde que sacamos un pie de la cama hasta que volvemos a meterlo bajo el edredón, recibir una llamada se toma muchas veces como una intrusión indeseada en nuestra rutina diaria. La llamada no se puede posponer como se puede hacer con un mensaje. Obliga a dejar de hacer lo que estamos haciendo y atenderla. Y para muchos eso es demasiado esfuerzo. Resulta tremendamente llamativo que estemos malacostumbrados a romper la intimidad de momentos con amigos, familia o pareja para echar un vistazo rápido al móvil pero nos resulte tan incómoda la entrada de una llamada. Curiosidades de estos tiempos modernos.
