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Entre el matonismo de Trump y la hipocresía de Sánchez

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10.04.2026

Entre el matonismo de Trump y la hipocresía de Sánchez

Uno está poniendo en serio riesgo la paz en el mundo, el otro teme más que a un nublado el final de la guerra.

Trump ha acabado con la hipocresía diplomática en el mundo, Pedro Sánchez la explota. Los dos lo hacen amparados en la guerra. Los dos lo hacen por codicia, el primero por codicia económica, el segundo por avaricia de poder. Uno está poniendo en serio riesgo la paz en el mundo, el otro teme más que a un nublado el final de la guerra. Sólo hay una diferencia, a Donald Trump le sobraba poder - acababa de iniciar la legislatura -, a Pedro Sánchez se le había agotado todo, y el final de la legislatura amenazaba con echarle a la escombrera de la historia. Pero le vino el diablo a ver con el "No a la guerra".

No pretendo ponerlos al mismo nivel, entre otras cosas, porque el segundo está a años luz del poder económico, tecnológico y militar del primero. Pero uno refleja el fin de la diplomacia y el derecho internacional en el mundo, y el segundo los utiliza en su versión más hipócrita y falsa.

Adelantaba Félix Ovejero el pasado 28 de febrero el fin de la diplomacia en el mundo bajo en el sugerente título, "Trump: el desolador fin de la hipocresía": "Se extingue un mundo hipócrita en el que se ejerce el poder de las armas, pero no se invoca. Una mala noticia, porque la hipocresía es una conquista civilizatoria y proporcionaba un lugar a la esperanza".

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Esta defensa de la hipocresía como baluarte inevitable de la civilización, no para lograr el mejor mundo posible, sino para evitar el peor, la defiende con hechos históricos y argumentos de peso que invito al lector a recorrerlos en el link. Esa mirada propia de la sabiduría del viejo sabio de la tribu que sabe más por experiencia que por sabio se enfrenta inevitablemente a su sombra. Es tan repugnante el comportamiento de Trump por su falta de empatía y matonismo en sus actos de guerra, como la utilización hipócrita de Pedro Sánchez de los mejores principios de la paz. Si cabe más, por la repugnante utilización de los valores morales para lograr los más sucios intereses. (Debo advertir que este último argumento es un juicio de valor que habría que verificarse, mientras los hechos de guerra de Trump son un hecho empírico. Aunque dice el dicho que, a gato escaldado del agua huye).

Es en esa sombra obscura que proyecta la ambivalencia moral del análisis de Ovejero, donde aparecen otros hechos históricos y argumentos morales que ponen sobre la mesa, no tanto el fondo, como la intensidad o el grado de la hipocresía soportable. En este sentido, Paulino Guerra en el artículo "¡Qué solos se quedan los muertos!", nos advertía ayer: "Sentar a los herederos de los criminales (Se refiere a Pedro Sánchez y sus enjuagues con ETA) a la mesa de la gente decente siempre tiene consecuencias. Una sociedad cimentada en el relativismo moral y la banalización del crimen es un cuerpo enfermo, inane". Como Ovejero, Guerra hace un recorrido con hechos históricos y argumentos contrastados. En este caso sin lugar para la hipocresía.

El contraste entre la necesidad de comportamientos éticos y el recurso a un grado de hipocresía para autoengañarnos, nos enfrenta a lo que somos: seres humanos, los depredadores más depravados de todos los seres vivos de la tierra. Gestionar a este animal capaz de lo mejor y de lo peor es nuestra fatalidad como humanidad. En la tensión entre el bien el mal está nuestro destino, y en la manera de gestionarlo, nuestro futuro. Me temo que nunca llegaremos al sol con alas de cera, ni tampoco sin ellas.

ETA (Euskadi Ta Askatasuna)


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