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La poesía de Instagram no debe preocupar (ni se le debe reprochar) a nadie

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14.02.2026

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En el principio fue la poesía. Después llegó internet, y entonces los poetas y las editoriales comenzaron a compartir sus poemas allí. Y un día hubo quienes comenzaron a escribir poesía especialmente para difundirla a través de blogs y redes sociales. Una poesía con características bien definidas: urbana, fresca, joven (para usar los calificativos más recurrentes), pero también muy sencilla, ligera, efectista, carente de metáforas y de profundidad. Fue bautizada con el nombre de la red en la cual se convirtió en un auténtico boom: la “poesía de Instagram”.

Tal boom consistió en que los instapoetas empezaron a acumular miles y miles de seguidores. Y las grandes editoriales, cómo no, vieron el filón. Comenzaron a publicarlos en papel y a vender ejemplares también por miles. También a premiarlos. Hasta crearon concursos nuevos enfocados en este subgénero naciente. El más relevante de ellos (organizado por el sello Espasa, parte del Grupo Planeta, y dotado cada año con 20 mil euros) se vio envuelto, hace pocas semanas, en una polémica casi surrealista.

El ganador de este año fue un venezolano de 34 años llamado Rafael Cabaliere, que tenía más de 800 mil seguidores en Twitter y de 700 mil en Instagram y a quien, sin embargo, no conocía nadie. No interactuaba con sus seguidores, casi no había fotos suyas. Surgió la versión de que no existía, que era un bot informático o un personaje ficticio creado –a modo de parodia– por un poeta “de verdad”. Hasta tal punto se fortalecieron estas hipótesis que la propia editorial tuvo que salir a confirmar que el ganador existe y no es un robot.

Alzando vuelo, el libro de Cabaliere, todavía no se ha publicado, pero los textos que él comparte en las redes son tan elementales que difícilmente pueden calificarse como poesía. Sin embargo, vale destacar la ironía del poeta español Antonio Rómar en Twitter: “Creo que se está entendiendo al revés. Espasa no ha dado un premio a Cabaliere: es Cabaliere quien ha dado el premio a Espasa. En concreto, la ocasión de llegar a sus 875 mil seguidores. A cambio, 20 mil euros es poca cosa”. Más allá del aspecto comercial del asunto, el caso lleva a preguntarse: ¿hay algo realmente negativo en todo esto? ¿Implica algún peligro? ¿Acaso Instagram está “arruinando” la poesía?

La respuesta es no. Al menos en principio. Como plantea la poeta Robin Myers: “Si un montón de gente va subiendo textos que pueden sonar como frases motivacionales y ya, ¿qué daño se está haciendo ahí?” Ninguno. De hecho, ese tipo de textos existen desde hace mucho. Lo que ha cambiado ahora son los modos de circulación: internet todo lo amplifica. Myers,........

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