El deshaucio
Cuando la policía derribó la puerta, sintió el final para el que ya no tenía fuerzas. Se colocó una gastada mochila a la espalda y con la mano izquierda sujetó temblando una maleta demasiado pequeña para acoger lo que necesitaba llevar. Llovía en la calle. Al menos eso le pareció.
Alguien le hablaba. Pero no oía. Solo pensaba cómo era posible que una larga vida quedase reducida a una maleta que ni siquiera tenía un lugar para quedar a salvo. Como él. Que se había quedado suspendido en el vacío sin código postal.
Finalmente, el desahucio, ese monstruo que se fue haciendo más firme con el paso de los meses, logró la victoria. No fue la primera y, lamentablemente, tampoco la última. Así lo marca la........
