El mochuelo
No había dormido tan felizmente como acostumbraba. Era ya un mes de agosto muy entrado y el calor comenzaba a ser bastante insoportable, incluso en la noche. Se espera de ese tiempo noctámbulo, en el que la oscuridad se desparrama como un líquido gelatinoso que va cubriendo todo, que también se produzca un cierto frescor sobre las seis de la mañana.
La sábana se pegaba a los brazos y le retenía. Comenzó a sentirse como un detenido por la fuerza pública. Es como si todo estuviese prohibido. Imposible moverse con soltura, imposible conciliar el sueño, imposible hilar con cierta sensatez un pensamiento. Las ideas iban y venían, se volvían, y le agarrotaban el pescuezo. Como el dinero no le daba para mucho se había metido en aquel hotelito que más bien era una fonducha de mala muerte. Bueno… es lo que hay, se dijo en el momento en........
