La trampa democrática: cómo se construye el poder desde la derrota
Hay una paradoja persistente en la vida política de quienes creen actuar con buena fe muchas veces terminan sosteniendo aquello que, en el fondo, los perjudica. A estos personajes —llamados popularmente “buenos cojudines” o “tontos útiles”— no se les puede juzgar con la misma severidad que a los oportunistas, pero tampoco se les puede absolver del todo. Su error no es la maldad, sino la ingenuidad; no es la ambición, sino la falta de lucidez.
El problema surge cuando esa ingenuidad se vuelve funcional. Porque en política, la buena intención sin comprensión del sistema no es inocente: es combustible. Y ese combustible es aprovechado por actores mucho más conscientes, más calculadores, más fríos. Allí aparecen los oportunistas, los cómplices silenciosos, los candidatos “decorativos” que no buscan ganar, sino fragmentar. No construyen propuestas, construyen escenarios.
En este juego, la multiplicación de candidaturas no es un accidente, sino una estrategia. Se diluye el voto, se dispersa la voluntad colectiva, y en ese caos aparente emerge el orden de unos pocos.........
