El aguacero y la intemperie: El régimen en cuenta regresiva, por José Luis Farías
Cayó sobre Caracas el cordonazo de San Francisco, esa lluvia pertinaz que en el calendario popular anuncia el fin del verano y el comienzo de las penurias. Y bajo ese aguacero marchó el PSUV, catorce años después de que Hugo Chávez cerrara su última campaña en la avenida Bolívar, cuando aún era posible confundir la enfermedad con la épica y la derrota con la siembra. Ahora la caminata terminaba en la esquina del Corazón de Jesús, como si el itinerario mismo quisiera decir algo que el discurso no se atrevía: que hay símbolos que se gastan, que hay nombres que ya no convocan, que hay multitudes que se desvanecen como se desvanece el humo de una fogata mal encendida.
La escuálida participación no era un secreto para nadie. Tampoco las ausencias: Jorge Rodríguez, entre muchos otros, brillaba por su falta, y esa ausencia pesaba más que cualquier presencia. En la tarima, Diosdado Cabello, flanqueado por Pedro Infante y la alcaldesa Carmen Meléndez, pronunció el discurso de cierre. Dijo que «esta revolución tiene largo aliento», que «nosotros convertimos las derrotas en victorias», que «nosotros nos adaptamos a las circunstancias». Frases que suenan a consigna pero que, en el contexto de una marcha deslucida,........
