Todo acabó con el gol de Ferran
No he indagado lo suficiente como para saber si la cuestión se remonta a mucho atrás, o si por el contrario es un fenómeno reciente, hijo del actual momento político, pero el hecho palpable es que de un tiempo a esta parte la izquierda española se lleva francamente mal con la fiesta. Su inquina hacia los toros es manifiesta, su desprecio hacia el mundo fallero es —al menos en Valencia— archisabido; su necesidad de desnaturalizar la Navidad ha acabado convirtiéndola en poco más que unas rebajas de invierno con un trasfondo de abetos y trineos; su implicación en la Semana Santa solo ha sido posible tras la aplicación del socorrido filtro de que «una cosa es la Cultura y otra la Religión»; y en lo tocante a los cientos de vírgenes y santos que jalonan nuestro calendario festivo no hay regla más segura que la de que aunque nunca les encontrarás en la procesión, nunca faltarán a la verbena.
Así las cosas, no es de extrañar que la izquierda española afrontase el recién concluido Campeonato Mundial de Futbol con una indisimulada aprensión, a añadir a la que de natural domina su visión del deporte en general, y del más popular de todos en particular. Si de normal el fútbol era visto como una nueva modalidad de religión —y, en........
