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The Oil Crash: La mezquindad

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22.09.2026

Yo nací el año 1970. La vida entonces era mucho más austera en lo material. Eso no quiere decir que fuéramos más infelices; en realidad, en muchos aspectos probablemente se era más feliz que ahora.

Pero era también una vida más dura, más física. Muchos trabajos eran manuales, y no pocos requerían considerable fuerza física. La gente se consumía, los huesos se deformaban, las fatigas y los accidentes pasaban factura, y no había tanta gente que llegara a los 70 años: solo el 5,5% de la población tenía 70 o más años, frente al 15% actual. También, ciertamente, la medicina ha avanzado mucho durante estos años, sobre todo a nivel preventivo, y se han mejorado los hábitos saludables.

En 1970, el dictador Francisco Franco aún estaba vivo y con él su régimen, así que había cosas de las que no se podía hablar, casi ni pensar; y por supuesto nada de protestar, por más que se sufrieran flagrantes atropellos.

Murió Franco en 1975. Se intentó una transición a la democracia, que salió como salió pero que supuso una mejora con respecto a lo que había – al menos en algunas parcelas de los derechos públicos. Recuerdo, pues ya no era tan pequeño, la excitación con la que se vivió la promulgación de la Constitución, las primeras elecciones… Había ansia de libertad y de cambio. Se pensaba que, por fin, España podría ser un país libre y de progreso. El fracaso del intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981 – recuerdo cómo lo viví, toda la noche viendo dibujos animados por la tele hasta que salió el rey – dio un nuevo impulso, y pensamos que se podría construir un estado de derecho, libre, moderno…

España entró en la OTAN y en la Comunidad Económica Europea. A partir de los años 80 se produjo un progreso económico espectacular, y, como en el resto del mundo, un enorme desarrollo científico y tecnológico, del cual, por una vez, España no quedó al margen. En el año 2000 España aspiraba a entrar en el G10.

Llegaron los años de la burbuja inmobiliaria, de la soberbia de los adictos al pelotazo. Y luego la crisis de 2008. Y ya nada volvió a ser lo de antes.

Echo la vista atrás y veo todo lo que ha pasado desde que tengo memoria. Y veo la mezquindad que inunda toda la sociedad actualmente, esa miseria colectiva en la que vivimos instalados, ésa que señala al emigrante,  que acepta sumisa la degradación de nuestras condiciones de vida, que se humilla servil delante de los poderosos… y me pregunto: ¿cómo hemos llegado aquí? ¿Cómo nos perdimos por el camino? ¿Por qué el proyecto de hacer una sociedad más justa, más libre y más liberal está fracasando? ¿Por qué se produce un retroceso tan marcado en el respeto a los valores democráticos?

Sería tentador decir que este fenómeno tiene lugar sobre todo entre los más jóvenes, que se han vuelto más reaccionarios, más autoritarios, menos democráticos; y luego echar pestes de las redes sociales y las nuevas tecnologías. Sería tentador, sobre todo para una persona de mi edad, que he visto esos cambios y que tengo una añoranza de otro tiempo más sencillo, en el que todo estaba más claro. Tentador, sí, pero también sería estúpido. Y falso.

Yo nací en 1970. Eso quiere decir que dos tercios de los españoles y españolas son más jóvenes que yo. Pertenezco por tanto a una fracción de la población que ya es minoritaria, y que cada año que pasa es lógicamente menor. Pero no se piensen que idealizo aquellos años: nosotros también éramos mezquinos, nosotros también aprendimos bien de niños a bajar la cabeza y tolerar las injusticias. Simplemente, éramos más pobres y vivíamos en una dictadura, así que quién más y quién menos albergábamos una esperanza de cambio y de progreso, de ir a mejor, de tener más libertad y, sobre todo, de aspirar a una relación más justa y fraternal entre los seres humanos. Yo recuerdo los eslóganes y los debates de los primeros años 80, cuando se creía que podríamos construir un mundo verdaderamente........

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