Los intocables
Medio país en el diván por los casos de acoso sexual en los medios de comunicación. Y la otra mitad en el psiquiatra por la inexplicable permanencia de Ricardo Roa en la presidencia de Ecopetrol. Misterios que marcan el inicio de la semana de pasión, arañando en la superficie unas máscaras que caen, pero distantes de las profundidades donde se atrincheran los intocables.
En el caso de Roa, con nuevo teatro para el día de hoy. Enésima reunión de la junta directiva para monitorear su permanencia en la presidencia de la empresa más valiosa del país. Junta extraordinaria de Ecopetrol en pleno Lunes Santo, día en el que Jesús expulsó a los mercaderes del templo de Herodes por irrespetar un lugar sagrado.
Clima parecido al que se enfrenta el directorio con el caso de Ricardo Roa: cambista que hace negocios, hombre que compra y vende cosas, negociante que aprovecha gangazos mientras dirige la empresa más sagrada para los colombianos. Imputado por presunto tráfico de influencias en la compra de un lujoso ‘penthouse’ en el Chicó; apartamento por el que pagó un 34 % menos de lo que valía en el mercado, a cambio de amarrarle contratos a favor de quien se lo vendió.
Roa también investigado por presunta violación en los topes de financiación de la campaña presidencial de hace cuatro años. Responsable de contar el dinero que llevó a Gustavo Petro a Palacio, pero falló en la supervisión por 5.000 millones de pesos largos. Dinero que entró a sus espaldas y no se contabilizó; reencauche del ya clásico y tradicional elefantazo.
Y ahora, para rematar, se enfrenta a otro nuevo escándalo en Ecopetrol: el de uno de sus vicepresidentes señalado de posible conflicto de interés con una red de empresas del sector energético, en cuyos negocios tendría incidencia o voz.
Posible entramado de relaciones empresariales y familiares que se suma a un amplio repertorio de escándalos en Ecopetrol, como el presunto espionaje de Roa a 70 altos funcionarios, incluidos los directivos de sus poderosas filiales Cenit y Hocol, protagonistas a su vez de un torbellino de renuncias en su interior.
Rosario de acusaciones de las que hace oídos sordos la junta directiva de Ecopetrol. En especial, el quinteto de ángeles protectores de Roa: Ángela María Robledo, Hildebrando Vélez, Tatiana Roa, Carolina Arias y Alberto José Merlano. Cinco de nueve miembros jugándose su pellejo por atornillarlo en el cargo. Y sin importarles los abucheos en la asamblea de accionistas, las peticiones de los minoritarios para botarlo, las amenazas de paro de su principal sindicato, las cartas desde el Congreso colombiano y hasta las pesquisas en Estados Unidos a raíz de la gravedad de los cargos.
Sanedrín que lo defiende por orden de Poncio Pilatos. Gustavo Petro que se lava públicamente las manos –como si lo de la violación de topes electorales no fuera con él– pero que les ordena en privado cerrar filas en torno a Ricardo Roa.
Órdenes para salvarlo de todo y de todos: de los informes de riesgo corporativo, mediciones de pérdida reputacional, preocupaciones sobre los 30.000 millones de dólares de deuda de Ecopetrol en manos extranjeras, docenas de millones de dólares gastados en los informes de Control Risk, Covington and Burling y demás firmas contratadas por la propia junta para medir los potenciales peligros.
Cinco de nueve miembros jugándose su pellejo por atornillarlo en el cargo. Y sin importarles los abucheos en la asamblea, las peticiones para botarlo, las amenazas de paro, las cartas desde el Congreso y hasta las pesquisas en Estados Unidos
Angustias que carcomen a los accionistas minoritarios, prestamistas, trabajadores y sindicatos. ‘Stakeholders’ pintados en la pared como mamarrachos. Oídos sordos hasta para los posibles coletazos en Estados Unidos derivados de las fallas en la supervisión de la junta –‘failure of oversight’– o de las probables demandas en contra del directorio –‘derivative suites’– por cuenta de las reglas a las que se someten las empresas que cotizan en la Bolsa de Nueva York.
Oídos sordos, incluso, hasta para la propia USO. Sindicato que hace 4 años financió la campaña de Gustavo Petro, pero que ahora amenaza con huelga si no sale Roa de Ecopetrol. Espada de Damocles tras 22 años de calma en el patio camorrero, justo en un momento en que los precios del petróleo caminan sobre los 110 dólares por la guerra en Oriente Medio.
Ni amenazando con parar la producción y las refinerías en este momento, la junta se mueve para sacarlo. ¿Por qué la junta de Ecopetrol no se atreve a apartar a Roa del cargo? ¿Por qué se arriesgan a terminar ellos mismos en problemas graves y delicados? ¿Saben que pueden terminar perdiendo su patrimonio personal y hasta posiblemente su libertad? ¿Es Petro el que cuida a Roa, o es Roa el que cuida a Petro?
PAOLA OCHOA
En X: @PaolaOchoaAmaya
(Lea todas las columnas de Paola Ochoa en EL TIEMPO, aquí)
