La deuda de Trump cruza el Atlántico: así llega la tormenta de bonos a su bolsillo
La deuda de Trump cruza el Atlántico: así llega la tormenta de bonos a su bolsillo
La venta global de bonos dispara los rendimientos a máximos desde la Gran Recesión y amenaza con trasladarse al crédito, las hipotecas y el bolsillo de los europeos
Montaje del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con los rendimientos a 30 años. / EL PERIÓDICO
Monique Zamora Vigneault
Sobre el papel, Enrique VIII y Donald Trump tienen poco en común: el titular de la Casa Blanca no tiene seis esposas y el rey inglés nunca escribió un tuit. Sin embargo, ambos han acabado inmersos en apuros por una vieja preocupación del mercado: cómo manejar un imperio que cuenta con excesiva deuda.
El rey Tudor recurrió a una solución poco ortodoxa: redujo la plata de las monedas inglesas con cobre barato para financiar sus guerras y excesos reales. La maniobra pasó a conocerse en los libros de historia como la Gran Devaluación (Great Debasement, en inglés). Cinco siglos después, Wall Street ha vuelto a recuperar aquel término para bautizar la última apuesta del mercado contra las políticas fiscales de Trump. En los parqués de Wall Street, en los rascacielos de La City londinense y en las salas de negociación en Tokio, se la conoce con el apodo anglosajón Debasement Trade.
Esta operación volvió a cobrar fuerza este verano. El 19 de agosto, mientras buena parte de Europa disfrutaba del parón estival, el mercado mundial de bonos empezó a emitir señales de alarma, inéditas desde los prolegómenos de la Gran Recesión. El rendimiento de la deuda estadounidense a 30 años, una referencia mundial para el precio del dinero a largo plazo, alcanzó el 5,3%, su nivel más elevado desde 2007.
En el mercado de deuda, los precios y la rentabilidad se mueven en sentido contrario: cuando los inversores se desprenden de deuda pública, su precio cae y la rentabilidad que obtiene un inversor aumenta. El mayor riesgo de impago de este instrumento es lo que justifica la mayor rentabilidad para los inversores, que exigen mayores beneficios a cambio de mantener la deuda.
Este mensaje iba dirigido al inquilino de la Casa Blanca. Esta tormenta de ventas llegó después de que la deuda pública de EEUU alcanzara por primera vez los 40 billones de dólares (34 billones de euros). Los pasivos cada vez más grandes de la mayor economía del mundo, los déficits presupuestarios, y los temores acerca de un repunte de precios alimentaron las dudas sobre la sostenibilidad de sus cuentas. A esa inquietud también se sumó el encarecimiento de los combustibles derivados por la guerra en Irán y el riesgo de un ciclo de tipos de interés más elevados durante más tiempo.
Esta sacudida no se detuvo en Wall Street. Las ventas alcanzaron los principales mercados europeos y elevaron las rentabilidades de la deuda alemana, francesa y británica hasta niveles no vistos en más de una década. La tensión también cruzó el Pacífico y........
