¿Y si el verdadero motor del T-MEC fuera eléctrico?
Mientras en México seguimos hablando de la “ansiedad de rango”, en otras economías la conversación ya cambió: ahora compiten por ver quién instala más cargadores, quién atrae más plantas de baterías y quién se queda con los empleos de la nueva industria automotriz eléctrica.
Y es que en nuestro país todavía preocupa quedarse sin batería, aunque el 98 por ciento de quienes ya manejan un auto eléctrico asegura que nunca ha vivido esa experiencia, pero en realidad, la verdadera ansiedad debería ser otra: que México llegue tarde a una industria que definirá las próximas décadas.
La buena noticia es que la infraestructura comienza a moverse. La Electro Movilidad Asociación reporta más de 4 mil 300 puntos públicos de recarga y más de 55 mil privados, con empresas como Vemo, donde Germán García impulsa la expansión de esta red. Pero el ritmo aún es insuficiente, porque instalar cargadores no es barato. Un cargador residencial representa una inversión promedio de entre 14 y 15 mil pesos, mientras que una estación de carga rápida puede costar desde alrededor de un millón de pesos y superar los 2 millones, dependiendo de la capacidad, las adecuaciones eléctricas y la obra civil.
La diferencia es que Estados Unidos decidió subsidiar la infraestructura; China la convirtió en política de Estado y hoy opera millones de puntos de recarga; Europa obliga a desarrollar corredores eléctricos en sus principales autopistas. Entendieron algo muy simple: sin cargadores, nadie compra autos eléctricos; sin autos eléctricos, no llegan las inversiones y ahí, vamos un carro atrás.
Es por eso, que ahí está la oportunidad para México. La revisión del T-MEC no sólo debería concentrarse en reglas de origen o aranceles. Es la ocasión perfecta para negociar una estrategia regional de electromovilidad que convierta al país en el gran proveedor de Norteamérica, no sólo de vehículos, sino también de baterías, componentes y tecnología; ya se hizo una vez en el pasado con esa industria y la........
