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Sánchez se entrega a Rabat y Planas obedece: la factura la paga también el campo español

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13.09.2026

Hay una imagen que resume la política agraria de este Gobierno mejor que cualquier discurso. El jueves 30 de julio, mientras más de 70.000 personas invadían Ceuta, el ministro de Agricultura, Luis Planas, entraba en la residencia de la embajadora de Marruecos en Madrid para celebrar la Fiesta del Trono. Lo hizo entre los abucheos de curiosos que le preguntaban cómo se atrevía con lo que estaba pasando en Ceuta. Moncloa confirmó después que fue el único ministro que asistió.

Semanas después, un informe policial entregado a la Audiencia Nacional sostuvo que aquella invasión no fue espontánea, sino un proceso planificado por fases, con gendarmes marroquíes guiando el cruce hacia El Tarajal. No es un desliz protocolario: es un ministro brindando con Rabat el mismo día en que Marruecos invadía Europa por su frontera sur.

No es un hecho aislado, sino el último episodio de una relación que viene de lejos y que explica por qué el agricultor español lleva años sintiéndose el último de la fila en su propio ministerio.

No olvidemos que el ministro no es un intermediario neutral. Fue embajador de España en Rabat entre 2004 y 2010 y, recién terminado su mandato, recibió el Gran Cordón del Wissam Alauí, con el que la Casa Real marroquí distingue a quienes considera afines. Es, con diferencia, el miembro del Gobierno con mayor patrimonio inmobiliario, e incluso mantiene un inmueble en Marruecos según su declaración de bienes. Y su teléfono, como el de Sánchez, Robles y Marlaska, fue objetivo del espionaje Pegasus atribuido a los servicios marroquíes en 2021, con las responsabilidades aún sin depurar.

Los hechos dibujan a un ministro con vínculos personales, patrimoniales y honoríficos con Marruecos al frente del departamento que decide cómo compite el campo español frente a las importaciones marroquíes.

Empecemos por los datos. La balanza agroalimentaria con Marruecos es cada vez más favorable al país vecino y el comercio bilateral se ha triplicado en la última década. Y no en condiciones de igualdad: mientras al agricultor español se le imponen costes y exigencias laborales, hídricas y fitosanitarias cada vez mayores, Marruecos produce en condiciones muy distintas y compite directamente con nuestras frutas y hortalizas. Las importaciones........

© El Confidencial