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Lo cualitativo se empieza a devorar lo cuantitativo

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10.02.2026

2 y 8 

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5 y 9 

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4 y 6 

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1 y 7  

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Por Javier Mejía Cubillos - mejiaj@stanford.edu

Cuando empecé mi carrera como académico, lo que más me motivaba era el trabajo cuantitativo. Sentía que la historia económica urgía de él. Estaba seguro de que mucho de lo que creíamos saber sobre nuestro pasado no descansaba en regularidades empíricas, sino en relatos y anécdotas que se repetían con poca verificación sistemática. Pensaba, así, que para realmente entender cómo nuestra sociedad se había convertido en lo que era se necesitaba recoger muchos datos, ordenarlos con cuidado y analizarlos con las técnicas econométricas más modernas. Allí veía mi potencial y solo allí sentía que se podía originar una verdadera contribución al conocimiento.

Sin saberlo en ese momento, esa convicción reflejaba una jerarquía incómoda pero difícil de negar en las ciencias sociales. En ella, el trabajo cuantitativo ocupaba un lugar superior al cualitativo. Se le consideraba más riguroso, más innovador, y quienes dominaban sus métodos eran vistos como investigadores más objetivos y creativos.

Hablo de esta jerarquía en pasado no porque haya desaparecido, sino porque resulta imposible pensarla sin su peso histórico. Bajo ella me formé yo, como también mis mentores y los mentores de ellos. Siempre se manifestó de........

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