El primer día de clases
Hoy es el primer día de clases de mis hijos, y todo puede empezar de nuevo. Es el inicio puro. Ese comienzo nace del asombro, porque antes de querer saber hay que ser capaz de maravillarse. Se llega con cuadernos nuevos y el corazón temblando en la mochila, con unos ojos que parecen decir: “Venimos a aprender”. El cuaderno está vacío, los ojos brillan, todo está dispuesto para la aventura.
Todo comienzo empiece ahí: en la capacidad de mirar el mundo como si todavía pudiera sorprendernos. Lo crucial es que vuelva a arder el fuego, que mane el agua, que haya sed, que haya hambre, que haya asombro. Porque cuando desaparece el asombro, el aprendizaje corre el riesgo de convertirse simplemente en acumulación de respuestas.
Nunca partimos de cero. Nunca. Siempre hay una historia, experiencias, conocimientos, una cultura, un país detrás y dentro de nosotros. Empezar es recibir todo lo que somos y atrevernos, aun así, a dar el primer paso. Creo que es mejor comenzar a escribir en una hoja cuyas primeras frases escribieron antes otros que sentirnos como dioses ante una tela vacía. Heredamos palabras, preguntas, errores, aprendizajes y caminos recorridos. No somos una página en blanco. Somos un texto en marcha. Por eso, empezar de nuevo no significa renunciar a nuestra historia, sino volver a mirarla.
Los comienzos nacen de las preguntas,........
