Uno, equis, dos en la casilla 105
Creado: 15.04.2026 | 06:00
Actualizado: 15.04.2026 | 06:00
Íbamos ciegos con la equis otra vez a la casilla 105, porque de cristianos es perdonar, y ya era hora de pasar por alto las setenta veces siete que nos llamaron castellanos en sus informativos de soplar y sorber, contra la norma física que hace del randez vous periodístico una excepción, la Ser, cinco minutos después, cuando sacaron a Negreira. El mismo día que comieron a hostias al antimadridismo por pedir penalti a un tío que agarró el balón con la mano en el área pequeña, poco después de que el chaval de Simeone se entrepetó y el enviado especial del ceferinato (presidente de la madridista de los Cárpatos) empezó a devolver los intereses del doble toque de Julián Álvarez. La equis en la casilla de la iglesia, con las cosas que dice el púlpito radiofónico mientras manda abrevar las cuitas de los eufóricos locutores (los mismos del Neymar que hacía sotanas) ya estaba por las nubes el día que en Nigeria comenzaron a acribillar cristianos a punta de kalasnikov y el titular del Vaticano salió a atizar a Trump por sacudir el avispero de los ayatolas. Padre Nuestro, que estás en los cielos. Lo de Francisco podía ser ensayo frente al alzacuellos de Ayacucho, rincón de los cadáveres en quechua, que no es una marca de ropa para ir a espantar mosquitos y garrapatas hasta el Corpus. La equis de la iglesia se ha puesto más cara que el dos para la UPL cuando juega fuera de casa y obliga a delirar a sus cincuenta mil votantes al empujar leyes a favor de la primera autoridad en la extremaunción a potros que matan los lobos. ¿Con quién está la UPL? ¿Con los leoneses o con sus matarifes? León no podía vivir sin la legislación que suelte cuerda a la burra del guarda. ¿Qué será lo siguiente? ¿Blanquear a la CHD? ¿Hay gente de la UPL en la CHD? ¿Hay cristianos en el Vaticano?, no digo el agustino, no, después de ver en Persia colgar cuerpos de las grúas que aquí sólo se emplean para levantar vanos al paso del ferrocarril. Equis, pero en la casilla de Cristo. En la de los cristianos que cantan Hatikva como que fuera el salmo responsorial. El resto, el uno o el dos; depende del árbitro que manden Ceferino y Prevost a estragar los principios que sacian nuestra fe.
