Milagreros
El padre Vicente no paraba de hacer milagros, tanto era así que el obispo de Barcelona le pidió que no hiciera ninguno más sin su permiso porque tenía soliviantada a la diócesis. Una mañana vio caer a un albañil de un andamio y decidió salvarlo, pero entonces se acordó de la promesa que había hecho, dejó al hombre suspendido en el aire y corrió al obispado a solicitar licencia para terminar lo que había empezado. Ante esta situación extrema al prelado no le quedó más remedio que dar la autorización y el milagro fue concluido satisfactoriamente. Hay varios cuadros que recuerdan a san Vicente Ferrer realizando el prodigio. No es el único. A mí me fascina el del niño estofado, que es recompuesto de los trozos de carne de una marmita en una casa pobre donde no........
