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Ecologismo del fuego, entre cabras y quesos

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05.08.2026

Incendios “de sexta generación”, que se sitúan “fuera de capacidad de extinción” y con “episodios de simultaneidad” son términos que desgraciadamente hemos incorporado al léxico común durante los últimos veranos. El 2026 tampoco es una excepción en esta tendencia, conocida desde hace tiempo, por la que los grandes incendios forestales son cada vez más frecuentes y destructivos. Nos habían avisado.

Escribo entre finales de julio y principios de agosto. Me encuentro en un valle del Alt Pirineu, echando una mano en una pequeña granja de cabras que salen a pastar cada día por unas montañas donde la hierba está mucho más amarilla de lo que tocaría por estas fechas. Algunos árboles también han empezado a perder las hojas prematuramente como consecuencia de la falta de lluvias y las altas temperaturas de las últimas semanas, tras un principio de año con precipitaciones por encima de la media. Un latigazo climático en toda regla, de los que disparan el crecimiento del combustible fino para después dejarlo todo bien seco, listo para arder. 

La burbuja mental de estar trabajando en un sitio remoto con los animales se rompe con facilidad cuando hablamos de incendios. Llegan noticias de familiares que han tenido que desalojar sus viviendas por los incendios de Madrid y Ávila. Lo mismo ocurre con mi familia política, en la periferia de Burdeos. Se parece demasiado a lo que otros parientes en California nos cuentan desde hace varios años. Tengo la familia muy desperdigada y, sin embargo, no hay nadie que esté lejos de los grandes incendios. Yo tampoco; este verano ya han ocurrido varios en el Pirineo, algunos en alta montaña, en bosques donde no son tan habituales. Al menos hasta ahora.

En estos complicados días, la prioridad es controlar las llamas y minimizar los daños. Son días duros para muchas personas que empiezan el duelo por las pérdidas, ya sean humanas, patrimoniales, naturales o emocionales. Días en que los equipos de extinción trabajan a destajo, muchos con condiciones laborales precarias. También son días en los que se formulan discursos muy diversos sobre las causas de estos siniestros –que son complejos y multifactoriales–, y las medidas necesarias para afrontarlos. 

Mis opiniones al respecto beben de diferentes fuentes. Antes de meterme a pastor y quesero, estudié ciencias ambientales y agroecología, y llevo participando activamente durante bastante tiempo en el movimiento ecologista. Dentro del ecologismo hay una considerable diversidad de visiones, como en tantos otros temas, sobre cómo actuar ante la que sin duda es una de las mayores expresiones de la crisis ecosocial de nuestra época. Aquí va otra aportación para este debate tan trascendental para el futuro de nuestros territorios, escrita entre cabras y quesos. 

Existe la idea muy extendida según la cual el paisaje “natural” de la península ibérica sería un bosque cerrado y continuo

Existe la idea muy extendida según la cual el paisaje “natural” de la península ibérica sería un bosque cerrado y continuo

Comencemos haciendo un breve repaso de la historia de nuestros paisajes. Existe una idea muy extendida según la cual el paisaje “natural” de la península ibérica sería un bosque cerrado y continuo. Sin embargo, la evidencia paleoecológica apunta a un panorama mucho más diverso. Al final de la última glaciación, gran parte de Eurasia contaba con poblaciones de grandes herbívoros salvajes que, junto con los incendios que producían los rayos, moldeaban el paisaje, dando forma a una especie de sabana, un mosaico que alternaba pastizales, matorrales y bosques de distintas edades.

Esta postal imaginaria no se diferencia tanto de lo que veo ahora mismo mientras acompaño al rebaño. Lo cual tiene todo el sentido, porque tras la extinción de la megafauna en nuestro continente, hace muchos miles de años, el mosaico pasó a ser mantenido por las diferentes culturas que lo habitaban. Muchos ecosistemas han coevolucionado con los usos tradicionales que las comunidades humanas han llevado a cabo en ellos para satisfacer sus necesidades, ya sea la agricultura campesina, la ganadería extensiva, las quemas controladas y tantos otros aprovechamientos que se integraban dentro de la trama de la vida.

No se trata de idealizar o romantizar........

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