Lo del soberanismo. Lo de Gibraltar. Lo del TJUE
1- En términos generales, una diferencia entre esta emisión de barbarie y la anterior es la ausencia de documentos.
2- Los fascismos, en fin, sin llegar a serlo, con cierto reparo en serlo, eran literales. Debían explicarse, incluso por escrito, pues lo que explicaban era en verdad novedoso y, por ello, apelaban a la vanidad de sus autores: la verbalización de mitos y léxico que invalidaban el XVIII, y un programa sin precedentes, tanto en sus medios –los exterminios de contrincantes– como en sus fines –un mundo nuevo; es decir, viejo, sin los errores siempre novedosos del XVIII; un mundo limpio de intrusos; el XVIII fue, en ese sentido, un intruso maravilloso y sexi, tan potente que aún dura–.
3- Esto otro, esto de ahora, precisamente por todo ello, no quiere programas ni harto de garnacha. No desea libros, documentos, pactos, ejes Berlín-Roma-Tokio, itinerarios escritos en mármol, incluso cuando habla literalmente claro, como Thiel, debe decir chorradas y aludir al Anticristo, para oscurecer lo diáfano. En ese sentido, esto de ahora es más difícil de describir que los fascismos –no mucho más; tan solo requiere más tiempo–. Y lo es porque –tachán-tachán– no sucede. No se verbaliza tanto en la realidad como en esa otra realidad paralela, más profunda, si bien más críptica, denominada cultura.
4- La cultura –los lenguajes culturales, los lenguajes silenciosos– es algo sumamente parecido a la telepatía: un sistema de comunicación eficaz y sin palabras.
5- Las nuevas extremas derechas son, al cabo, movimientos. Un magma contradictorio y confuso en su claridad. Es un magma vertical, cuya jefatura se comunica con las bases y sus tramos a través de silbatos para perros, pitidos sin gramática, que los miembros del movimiento, solos, en su casa, frente a una pantalla, entienden y pillan al vuelo. Veamos los pitidos recientes. Y, antes de ello, un gran no-pitido. Un silencio.
6- Ormuz vuelve a estar cerrado. Es decir, sometido a peaje. Se trata ya de un Stalingrado. De una sangría, por ahora propagandística y económica. Y de la vuelta a algo que, en su rotundidad, no se veía desde los años treinta y cuarenta: el capitalismo anticapitalista, un capitalismo que cuesta dinero, que prefiere mitos a beneficios contantes y sonantes. Un capitalismo no sostenible y que, como no espabile, hará perder aliados a Trump con más rapidez que lentitud. Esta apuesta sostenida y profunda por construir un Stalingrado explica lo que en su día explicó Stalingrado. A saber: la realidad no es importante. Se puede vivir independientemente de los hechos, a través de un profundo sistema propagandístico, apoyado en la fuerza en caso de dudas, en el que Stalingrado no existe. La cultura pasa a ser más importante que la realidad. Y esta semana la cultura ha emitido dos grandes emisiones.
El mundo está esperando que, de pronto, una democracia no convoque elecciones
El mundo está esperando que, de pronto, una democracia no convoque elecciones
7- Emisión a) la sospecha sobre las elecciones. Trump está planteando sospechas sobre el recuento en elecciones pasadas para invalidar unas elecciones futuras. Este esfuerzo sostenido está subiendo en intensidad, conforme se recrudece Stalingrado, conforme empieza a estar claro que lo de Irán le puede costar las elecciones de noviembre. El mundo está esperando que, de pronto, una democracia no convoque elecciones, o no reconozca los resultados de unas elecciones. Y, parece ser, EEUU se perfila como ese Estado pionero. O no. El mundo escucha esos silbatos para perro y alza las orejas. Los partícipes de ese movimiento mundial tan solo tienen que aplicar esa cultura a su propia cultura. El trumpismo es, en fin, un gran manual de bricolaje. Modulado por silbatos para perros. Es, por ello, un milagro comunicativo.
8- Emisión b) el recrudecimiento de los ataques de Trump a la Corte Penal Internacional/CPI. EEUU, que ya trata a once jueces de la CPI como delincuentes de alto nivel –no es agradable; tienen problemas con sus cuentas corrientes, con sus desplazamientos internacionales–, se ha pronunciado esta semana con una campaña –cultural, propagandística; el primer paso para la invalidación del CPI a través de la presión a terceros Estados para que dejen de apoyar al CPI–. La razón: dos razones. La CPI está 1) investigando crímenes de guerra de EEUU en Afganistán, así como las 2) actuaciones de diversos funcionarios israelíes en los Territorios Ocupados.
9- Es importante, y aporta una palabra mágica, un silbato para perros de oro: la explicación emitida por Marco Rubio para justificar la campaña contra el CPI. El CPI “amenaza la soberanía estadounidense”.........
