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No quieren que les creas. Quieren que no creas a nadie

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19.04.2026

La mentira industrial no aspira a convencer: aspira a agotar. Cuando la desinformación triunfa de verdad, no es porque hayas aceptado una falsedad. Es porque has dejado de buscar.

Hay un momento, si eres honesto, lo reconocerás, en el que dejas de comprobar si algo es verdad. No por pereza ni por ignorancia. Sino porque has calculado, con la frialdad del que ha sido quemado demasiadas veces, que el esfuerzo no vale la pena. Que habrá una versión contraria con el mismo tono de certeza inapelable. Que el hecho verificado llegará tarde, viajará despacio y convencerá a nadie que no estuviera ya convencido. Ese momento de rendición, tan silencioso, tan razonable, es exactamente el momento que alguien lleva años intentando provocarte.

Hannah Arendt lo escribió cuando el humo de los hornos todavía era reciente y su advertencia sonaba a anatomía del pasado. Hoy suena a diagnóstico del presente: la mentira sistemática, explicó, no pretende convencerte de una falsedad concreta. Pretende destruir en ti la capacidad misma de distinguir lo verdadero de lo falso. No aspira a tu credulidad. Aspira a tu agotamiento.

La diferencia es crucial, y tendemos a pasarla por alto. La propaganda clásica, la del cartel, el noticiario estatal, el periódico que solo existe en una versión, requería que creyeras. El modelo contemporáneo no. Le basta con que dudes de todo. Con que iguales, en un gesto de falsa simetría intelectual, al........

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