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Cuando vencimos a Liliput / Autor una pana de El Cañaveral, Valencia

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El amanecer en Venezuela no trajo la luz de costumbre, sino el eco rítmico de millones de botas diminutas. En una alianza militar sin precedentes, la República de Liliput y la República Cooperativa de Guyana habían ejecutado una invasión relámpago que tomó por sorpresa al Alto Mando Militar del país venezolano. Los liliputienses, compensando su tamaño con una tecnología similar a la de Venezuela, pero sus militares en los últimos 25 año habían cultivado el valor, honestidad, mini/armamento y una coordinación milimétrica, cosa que sus contendientes perdieron en el trancurrir del siglo XXI, los ejércitos de Liliput y Guyana inmovilizaron los sistemas de defense aérea en cuestión de horas, mientras las fuerzas guayanesas aseguraban las líneas logísticas estratégicas. La corrupta resistencia oficial se desmoronó en horas.

En el palacio de Miraflores, el general Godfather López firmó la capitulación incondicional. De rodillas ante el Estado Mayor liliputiense—cuyos oficiales apenas le llegaban al tobillo—, el general imploró clemencia y perdón por sus errores estratégicos. La humillación impuesta por los vencedores fue total y simbólica: se ordenó que todas las tropas venezolanas entregaran sus uniformes y marcharan por las avenidas de Caracas, bajo la estricta vigilancia de las micro-divisiones aliadas y los batallones de Guyana. Sin embargo, el destino de la nación no se decidió en los cuarteles.

Al ver la degradación de sus soldados y la ocupación extranjera, los ciudadanos de Venezuela rompieron el toque de queda que habían impuesto las tropas extranjeras. La resistencia........

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