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Latinoamérica: ¿patio trasero? ¿Hasta cuándo?

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En el año 2005, cuando Estados Unidos quería poner en marcha el Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA-, el entonces Secretario de Estado de la administración Bush (hijo), el general Colin Powell, expresó sin pelos en la lengua: "Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar para las empresas americanas el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio". Si bien ese tratado nunca se llegó a firmar como tal, Washington obligó a suscribir tratados bilaterales a los países de la región, logrando finalmente lo mismo que se buscaba con el ALCA. Dos décadas después, la geopolítica hemisférica del país del norte no ha cambiado: control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida. "Este es nuestro hemisferio", dijo el presidente Trump sin la más mínima vergüenza después de invadir Venezuela al inicio del presente año.

La principal potencia capitalista del mundo, Estados Unidos, continúa siendo aún el centro hegemónico del planeta. Pero los tiempos están cambiando. Y cambian muy rápidamente. Después de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, su otrora gran rival, Washington pareció quedar en un mundo unipolar, donde ponía las reglas de juego a su antojo. La ONU era su virtual oficina para administrar el mundo, mientras que el FMI y el Banco Mundial aparecían como sus agencias para el manejo financiero planetario, haciendo que los únicos que ganaran con los préstamos otorgados fuesen los capitales estadounidenses. Aunque esa unipolaridad absoluta duró poco.

China, a partir de sus reformas y políticas de apertura, comenzó un despegue económico sin precedentes, disputándole -y superando- la economía del país americano, dejándolo atrás en el avance científico-técnico. Hoy día la distancia que tomó el gigante asiático es ya inalcanzable. De ahí que, para el gobierno de Estados Unidos, la guerra comercial -apoyada en el desarrollo tecnológico-, guerra ya definitivamente perdida, se tocó en perpetua guerra militar. Eso le da más réditos económicos y políticos.

Por su parte Rusia, saliendo del colapso que significó la desintegración del campo socialista (40% de caída neta en su PBI al explosionar), volvió a mostrarse como una gran superpotencia en lo militar, en muchos aspectos........

© Aporrea