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La lección que nadie quiere escuchar: La Real Politik y el arte de sobrevivir…

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09.09.2026

«Ahora que el petróleo es nuestro, viva la soberanía ¿Qué tal, señor presidente, si se convierte en comía?»

El ventilador de El Bohemio giraba con esa lentitud que precede a las revelaciones. No era una mañana cualquiera, hacía un calor insoportable. Sobre la mesa del rincón, Anacleto no tenía periódicos desplegados ni mapas estratégicos. Tenía una libreta de tinta verde con anotaciones que parecían el mapa de un campo de batalla. Desde sus respectivas mesas y a su alrededor, la profesora, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista, el sindicalista, un obrero, Carmen, la estudiante de sociología y el pichón de periodista esperaban ansiosos. En mesas cercanas, varios desconocidos escuchaban con atención. Observé con curiosidad el rictus que se formaba en la cara de mi amigo al otear la sala, simulando una sonrisa, y le hice una seña.

El pichón de periodista, como se ha convertido en costumbre, fue el primero en hablar. «Anacleto, esto es un caos. El secuestro de Maduro, el acuerdo con Estados Unidos, las versiones de traición, la Real Politik... ¿Qué pasó realmente el 3 de enero? ¿Y por qué hay quienes hablan de entreguismo mientras otros hablan de estrategia?»

Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las preguntas grandes no se responden con prisas, sino con el peso de la historia. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, como he dicho en otras ocasiones, no espere de mí una verdad absoluta, sino sólo mi punto de vista. El 3 de enero no fue una derrota…, fue una "transición de fase". No es lo mismo perder una batalla que perder la guerra. Y lo que ocurrió ese día, camarita, fue la aplicación más cruda de la Real Politik: el arte de sobrevivir cuando el enemigo es más fuerte.»

La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó desde su mesa un informe sobre el conflicto. «Anacleto, hay quienes dicen que Venezuela debió responder militarmente. Que las fuerzas armadas estaban preparadas, que los sistemas de defensa podían haber derribado aviones. ¿Por qué no se hizo?»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Mi estimada profesora, la pregunta correcta no es por qué no se hizo. La pregunta correcta es qué hubiera pasado si se hacía. Si hubiésemos planteado una batalla, a un enemigo con tanta superioridad militar y tecnológica, las pérdidas y la destrucción en nuestra patria hubiesen sido descomunales. Lo primero que hubieran destruido eran las plantas eléctricas y de agua potable, las telecomunicaciones, gran parte de nuestro ejército, la economía, y asesinado a gran parte de la población. ¿Es eso lo que hubieran preferido? ¿Una guerra civil sumamente desigual? ¿Un baño de sangre?»

El coronel retirado, con su voz grave, se inclinó sobre la mesa. «Pero Anacleto, ¿y la dignidad? ¿No valía la pena resistir aunque fuera una derrota segura?»

Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la dignidad no se mide en muertos. «Coronel, el honor herido o la soberbia jamás deben nublar el juicio de un líder para arrastrar a su gente a una matanza o a una derrota inevitable. Sun Tzu dijo que no se debe pelear una guerra que se sabe que no se puede ganar. Y Venezuela, camaritas, no podía ganar una guerra contra Estados Unidos en su propio "patio trasero". No tenía la capacidad, ni la tecnología, ni los aliados para hacerlo.»

Un desconocido de........

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