Europa castrada
El desfile de intelectuales y artistas latinoamericanos y de otras naciones hacia Europa era interminable. Un intelectual o artista que no hubiese pisado a Europa se sentía huérfano, pero tampoco sus obras eran poco preciadas, porque había una especie de cultura que imponía la bendición de esa región sobre nosotros.
Los intelectuales, artistas y algún que otro profesional, reunía sus churupitos, para bañarse en el agua bendita de la vieja Europa y desde allí proyectarse en su propio país. Al regresar nuevamente, a su terruño, movían su plumaje, orgullosos, como un gallo después de montar a la gallina.
París, Roma, Inglaterra, entre otros eran la Meca de la intelectualidad. Tomarse una foto en el Museo de Louvre, en el Coliseo de Roma, la Fontana di Trevi; La Capilla Sixtina de la Ciudad del Vaticano o a las orillas del Rio Támesis, era lo máximo. Era como recorrer los siete templos.
Ir a los cafés icónicos de Paris donde departían los intelectuales y artistas de esos países y después........
